Gonzalo Muñoz Reyes: gerente técnico en Droguería Inti

Tiempo de lectura: 21 minutos

Nací el 4 de octubre del año 1952, actualmente tengo 66 años. Trabajo hace 41 años en Droguería Inti, fue mi único empleo. Mis oficinas quedan en la fábrica de la compañía, en la ciudad de El Alto, a 4000 metros sobre el nivel del mar.

Ya estoy acostumbrado a trabajar en la fábrica. La gente me dice: “¿Estás trabajando en El Alto, subiendo y bajando a la ciudad todos los días?”. En realidad, para mí nunca ha sido una dificultad trabajar aquí, a pesar de que mi casa queda en la zona sur, en San Miguel, a 3200 metros sobre el nivel del mar.

Tardo generalmente 45 minutos en llegar a mi oficina, siempre que salga a la hora adecuada sin tráfico. En todo este tiempo, que ya van 16 años, nunca me ha afectado a la salud el cambio continuo de altitud. Es una rutina que la tengo completamente asimilada.

¿Cómo llegué acá? No fue precisamente gracias a un test de orientación vocacional. Fueron una serie de circunstancias que me hicieron escoger la carrera perfecta y trabajar en una empresa de primer nivel.

CÓMO ESCOGÍ LA CARRERA DE FARMACÉUTICO

Cuando salí bachiller del colegio Don Bosco, aquí en La Paz el año 1970, ingresé a la carrera de ingeniería civil de la UMSA. Éramos cientos de alumnos. Recuerdo que las clases se pasaban en unos galpones donde había 700 personas y la profesora era una argentina que reprobaba al 95% de los alumnos. El ambiente no era de los mejores.

Yo me faltaba a clases, no me gustaba la atmósfera depresiva que había y no me sentía seguro con la carrera. Esos primeros seis meses del año 71 simplemente los perdí. Cuando mi madre se enteró de que no asistía a clases me dijo, directamente: “¡Te vas a México a estudiar ya mismo!”. Mi hermano mayor ya estudiaba allá ingeniería textil. Así que me embarqué y llegué al DF en junio de 1971.

Mi salida de Bolivia fue justo a tiempo, porque dos meses más tarde, en agosto de 1971, vino el golpe de estado de Hugo Banzer, el cual cerró las universidades del país.

Al llegar, mi hermano me dijo: “Aquí están las carreras”. Busqué cuál era la carrera más corta, porque quería volver con mis amigos.

Escogí topografía, tres años. “¿Estás loco?” me dijo mi hermano. “¿Qué vas a hacer como topógrafo?”.

Bueno, le dije, entonces ésta: optometrista, también de tres años. “¿Y qué vas a hacer midiendo lentes?”.

Por último, elegí la carrera de Químico Farmacéutico Industrial, que en ese tiempo duraba cuatro años. “Bueno”, me dijo mi hermano y nos fuimos a inscribir.

ENGANCHÉ CON LA CARRERA

A pesar de que escogí la carrera al azar, parece que escogí bien. El primer semestre reprobé las tres materias que llevaba porque no tenía una metodología de estudio, adaptabilidad, añoranzas, etc. Pero después, poco a poco, aprendí a estudiar, me enganché y de ahí no reprobé nunca más.

Me gustó mi escuela, el Instituto Politécnico Nacional. Había ahí cuatro carreras en mi facultad: biología, bacteriología, ingeniería bioquímica y farmacéutica. Los profesores y el ambiente eran muy diferentes a los de Bolivia. Allí el profesor era tu amigo, te orientaba y te ayudaba, mientras que en Bolivia eso no ocurría para nada.

Las materias que llevaba fueron engranando y posteriormente, ya trabajando, mi carrera se fue abriendo en muchos aspectos. Surgieron especialidades, cada una fascinante de por sí: ingeniería farmacéutica, estabilidad, biofarmacia, aseguramiento de calidad y otras.

Mi carrera estaba orientada hacia la industria y la producción. Por eso me encantó. Cuando venía de vacaciones, mis parientes me preguntaban: “¿Dónde vas a poner tu farmacia?”. Mi respuesta era la misma siempre, que no estudio para abrir una farmacia sino para elaborar los medicamentos que se venden en ésta.

Obtuve el financiamiento para mi carrera gracias a una beca completa, la cual pagaba estudios, estadía y alimentación. Esta beca, que todavía existe, se llama Abraham Lincoln-Benito Juárez, en honor a dos muy importantes presidentes de Estados Unidos y México, respectivamente. Funciona así: por cada beca que México da a estudiantes latinoamericanos (uno por país), Estados Unidos retribuye con una beca para mexicanos en los Estados Unidos.

Por la forma como escogí mi carrera, al azar, y lo feliz que me hizo en mi vida laboral posterior, digo que lo de la orientación vocacional no sirve. “Si te gusta matemáticas, vas a ser ingeniero”. No es tan así ni tan concluyente.

DESPUÉS DE LA UNIVERSIDAD

Egresé en julio de 1976 con el grado de licenciatura como Químico Farmacéutico Industrial. Durante los siguientes seis meses estuve buscando trabajo allá, porque ya estaba acostumbrado al ambiente, tenía mis amigos, mi novia…

México era difícil en ese tiempo. Iba a visitar a algunos profesores que trabajaban en la industria y me decían: “Puedes venir a trabar conmigo a Bayer, a Bristol, a Syntex… ”. El problema que encontraba frecuentemente era que había restricción de empleo porque era extranjero y estas empresas tenían cupos de contratos para no mexicanos.

En ese entonces ya estaba saliendo muy seriamente con mi novia mexicana. Con ella nos conocimos en la facultad y tenía la misma profesión que yo. Decidimos dos cosas: casarnos e ir a probar suerte a Bolivia. Así que el 11 de diciembre de 1976 festejamos la boda y al día siguiente nos embarcamos en un avión rumbo a La Paz, Bolivia.

Viendo retrospectivamente, valoro mucho la valentía de mi mujer, porque ella no conocía nada de Bolivia y el hecho de casarnos y al día siguiente venirnos a un mundo desconocido ha debido ser una decisión difícil para ella y para su familia.

Gela (mi esposa) me contó, años después, que la llegada a La Paz y la bajada desde El Alto le impresionaron muchísimo, porque la diferencia con México era bastante marcada. Llegamos a la casa de mi madre en La Florida, en una zona residencial al sur de la ciudad, por la antigua carretera. La autopista La Paz-El Alto no había sido inaugurada todavía.

ENTREVISTAS DE TRABAJO

Cuando llegué a La Paz, empecé a buscar trabajo en todos los laboratorios que había. Visité Vita y no salió nada, me hicieron conocer un poquito y me dijeron que me iban a llamar. Fui a Cofar, la Shering, lo mismo. El cuarto laboratorio fue la Droguería Inti.

Me dijeron que vaya a hablar con don Alfredo Rea Nogales, que en ese momento era socio de Inti. Me encontré con don Alfredo en la calle, porque se estaba haciendo lustrar los zapatos y me dijo que no tenía que hablar con él, sino con don Ernesto Schilling, su socio. Lo llamaban papá Schilling.

Entonces yo, muerto de nervios, fui a entrevistarme con él. Me recibió muy amablemente en su oficina, en la calle Socabaya, y me comentó que conocía a mi tío Jorge que fue rector de la Universidad Mayor de San Andrés. Su primera pregunta fue: “¿Usted estudió en el colegio Alemán?”. Le respondí que estuve en ese colegio solo hasta tercero de primaria. “¿Habla alemán?”. Le respondí que no. “Mmmm…”.

Entonces me dijo: “Está bien. Pero no tiene que hablar conmigo, vaya a buscar a mi hijo Dieter, que está encargado de la fábrica en Miraflores”. Alzó el teléfono y lo llamó, le dijo algo en alemán, yo no entendí nada. Colgó y me dijo, con su fuerte acento: “Mi hijo lo espera”.

Llegué a Miraflores, pregunté por el Dr. Dieter Schilling, quien me recibió en su oficina. Inmediatamente sentí empatía, ya que él era una persona muy correcta, muy directa. Me dijo: “Venga usted dentro de 3 días a las 8 de la mañana, yo le voy a hacer un pequeño examen”. Como uno es inexperto, recién salido de la universidad, se me ocurrió preguntarle: “Bueno, ¿y qué voy a estudiar?”. Y me respondió: “¡Qué va a estudiar pues, si usted acaba de salir profesional!”.

Volví el 25 de enero para dar el examen. Me hizo preguntas de la profesión, tales como: “Cómo prepara un suero glucosado al 5%, cómo titula cloruros, puede usted cuantificar los cloruros de un suero fisiológico”, cosas así. Las contesté satisfactoriamente, así que me dijo que estaba preparado y empezaría con él el primero de febrero.

Me dijo que me iba a hacer cargo de la planta de infusores. Me sonó rara esa palabra, “infusores”, que era una palabra nueva para mí. Después me di cuenta de que provenía de sueros, o “infusions” en inglés, para dispersar en la vena. Entonces, ese fue mi primer trabajo en Inti.

LA PLANTA DE SUEROS EN MIRAFLORES

La planta de sueros donde me tocó trabajar al principio era totalmente diferente a lo que es ahora, en cuanto a infraestructura, condiciones de trabajo y exigencias. Esa planta quedaba en Miraflores, en un espacio muy reducido. Trabajé allá del año 77 al 80.

Manejaba alrededor de 20 personas, entre la producción en sí y el empaque de los sueros. Los primeros 15 días estuve trabajando con el jefe anterior de esa planta, el Dr. Nelson Pereira, con quien me llevé bien desde el principio. Él era dos o tres años mayor que yo y conmigo fue increíble, de muy buen carácter, me enseñó lo que no te enseñan en la universidad.

El grupo de trabajadores que había ahí era de primera, una familia. Al poco tiempo que entré decidieron participar en un concurso organizado por el Ministerio de Trabajo, donde la división de sueros de Inti competía con otras divisiones de la misma empresa y con otras empresas. Me invitaron a participar, teníamos que bailar caporales. No participé porque no sé bailar para nada, tengo dos pies izquierdos. Al final ellos ganaron el concurso y se ganaron un terreno en los Yungas.

También había campeonatos de fútbol que se jugaban los sábados, para terminar en alguna reunión social para brindar con algunos traguitos en la casa de uno de los trabajadores. Íbamos allí con Nelson y otros buenos amigos que hice en la empresa. Todo era armonía, en verdad.

LOS TERRENOS DE EL ALTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA PLANTA

Al cabo de un tiempo, en 1980, y a medida que la producción de sueros aumentaba, vimos que la planta de Miraflores se estaba quedando chica. Ahí se presentó la oportunidad de mi vida. El Dr. Dieter me dijo: “Vamos a hacer una nueva planta en los terrenos de El Alto y quiero que usted se haga cargo”.

Los terrenos a los que se refería el doctor fueron comprados el año 1976, un año antes que yo llegara a la empresa. Lo primero que hicieron ahí fue construir unos depósitos y así darles algún uso. Vi las fotos de la inauguración en la oficina del Dr. Dieter.

El Dr. Schilling confió plenamente en mí. Me metí de lleno al proyecto, dibujé desde el plano arquitectónico de la planta. Las ideas para el plano provienen de la experiencia de haber trabajado dos años en la planta de Miraflores. Me gusta el dibujo. No me basé en ningún otro plano de otra planta, sino en lo que yo creía que necesitábamos para crecer. Y me salió bastante bien.

En realidad, el plano me salió tan bien que me dijeron que era un arquitecto frustrado, que debería haber estudiado arquitectura. Es cierto, me gusta dibujar. Y pensándolo bien, si empecé en ingeniería civil, después quise estudiar topografía, luego optometría y terminé en química farmacéutica, bien podría también haber estudiado arquitectura.

Los planos de la construcción fueron enviados a Alemania para que los aprueben. Como nosotros trabajábamos con sueros de la línea B.BRAUN, que es todavía una de las empresas más grandes en elaboración de sueros; entonces, ellos nos dieron la tecnología de esa época, nos enviaron los filtros, nos enviaron los reactores, nos enviaron el detalle de qué máquina teníamos que comprar para destilar el agua, para hacer el tratamiento del agua, pero ya adecuada al plano que yo había hecho.

INICIAMOS TRABAJOS EN LA PLANTA

La planta fue inaugurada el 10 de septiembre de 1981. Ocurrieron dos cosas a la vez: algo muy lindo por inaugurar la planta, pero muy triste para mí porque unos días antes, el primero de septiembre, falleció mi madre. Recuerdo que estábamos haciendo las pruebas finales, cuando tuve que ausentarme para estar con mi familia. El doctor Schilling asistió al velorio y me dijo: “No se olvide que mañana tiene que estar en la planta”. Así era él, muy estricto. Era como: “Espéreme un ratito, estoy en el cementerio, enterrando a mi madre”. Pero bueno, esa era su forma de ser.

La planta terminó como un modelo para Sudamérica. B.BRAUN mandaba gente de Alemania, porque tenía filiales en muchos países, para que vengan a conocer la planta de Inti. Eso era un orgullo de verdad.

LOS PRIMEROS AÑOS 

Cuando empezamos aquí en El Alto, yo tenía a mi cargo alrededor de 20 a 25 personas. Tuvimos épocas muy duras por la hiperinflación en el país, que duró de 1982 a 1985. A veces no producíamos y yo tenía 25 personas que no hacían nada. No había materia prima, no había los dólares para importar. Nos pagaban los sueldos 3 veces por semana, un día ganabas 500, al día siguiente 800, al otro día 1200 y no servían para nada.

Tenía a la gente ocupada, pero no haciendo sueros, sino haciendo los caminos internos para el ingreso a la planta. Con la plata que entraba íbamos a comprar fierros, cemento o lo que sea para construir los caminos.

Alrededor de la planta no había nada, excepto la fábrica de galletas La Francesa, a la que llegabas por un camino de tierra. La planta de sueros más los dos almacenes sólo ocupaban 900 metros cuadrados de los 13000 metros que tenía el terreno. Nuestro cuidador de ese tiempo tenía su ganado y su plantación de papas aquí, en el mismo predio.

Con La Francesa hicimos un convenio de ayuda mutua. Lo primero que hicimos para hacer la planta de sueros era perforar un pozo, porque no había agua. Obtuvimos una excelente agua, con la cual seguimos trabajando hasta ahora. Nosotros le obsequiábamos agua a La Francesa y ellos a cambio nos regalaban galletas.

Esas épocas de la UDP que hemos vivido eran realmente difíciles. A veces nos bloqueaban la autopista con paros y huelgas, había que buscar senderos para llegar a la ciudad. En ese tiempo no había más que la autopista y el camino viejo, la zona de Achocalla era incipiente, no existía la Av. Quiroga Santa Cruz y tenías que buscar senderos para bajar.

LA BRASILIA Y EL DOCTOR DIETER

Cuando decidimos hacer la planta en El Alto, el doctor me dijo que me iba a dar un auto Volkswagen Brasilia para que pueda trasladarme a la futura planta. Yo le dije que no sabía manejar. “¡Cómo que no sabe manejar!”, me dijo. “Usted va a aprender mañana mismo en el Automóvil Club Boliviano”. Evidentemente, pasé las clases y aprendí.

Un día que estábamos en la planta de Miraflores me dijo: “Bueno, ahora vamos a subir a El Alto”. “Muy bien”, le respondí. “Aquí están las llaves, doctor”. Él era sumamente exigente y vertical. “No, no, no, usted me va a llevar”. Yo traspiraba. Llegamos finalmente a la planta. Antes de bajar, me miró con toda seriedad y, con un gesto de aprobación, me dijo: “Lo ha hecho muy bien”.

Esa Brasilia era propiedad de la empresa, era amarilla, estuvo conmigo desde 1981 a 1986. Una vez me chocaron, la destrozaron. Resulta que yo estaba manejando con el jefe del taller de mantenimiento, Carlos Velasco, y nos paramos en una ferretería, detrás de un camión. Carlos se bajó para comprar unos pernos mientras yo lo esperaba en el auto. Cuando, de repente, el camión empezó a retroceder… ¡y no me vio! La carrocería se metió dentro del auto y me hubiera degollado si no era por mi compañero que escuchó el ruido y salió dando brazadas: “¡Pare, pare!” El camión estaba metiendo más fuerza todavía, pensó que era una piedra. El parabrisas se rompió, yo me fui hacia atrás y ahí paró.

EN LA HIPERINFLACIÓN, LAS MARRAQUETAS ERAN UN LUJO

El cuidador que teníamos acá, que se llamaba Víctor Mamani, era muy despierto. En épocas donde no encontrabas nada, él tenía un amigo panadero que me daba cincuenta marraquetas por día. Era un lujo, porque las marraquetas (un tipo de pan muy típico de La Paz) no existían. Entonces yo bajaba esas marraquetas, le daba 25 al Dr. Schilling y las otras 25 las repartía entre mis hermanos, una maravilla. También me daba carne, que también la repartía.

En ese año, 1985, en plena época de hiperinflación, nació mi hija. Llegaron mi suegro y mi suegra, para ver el nacimiento de su nieta. Cuando fuimos a pagar la clínica Cemes, en la Av. 6 de agosto, yo llevé un maletín de billetes, no me acuerdo para nada cuánto era, pero sí me acuerdo el volumen de los billetes que llevé. Eran varios kilos de papel. Mi suegro estaba asombradísimo. Se hacía la burla de Bolivia, pero al poco tiempo México sufrió una inflación, no tan grande, y así se dio cuenta de lo que era.

MIS RECUERDOS DE PAPÁ SCHILLING

Recuerdo mucho, muchísimo, al abuelo de Christian, a don Ernesto, el papá Schilling. Él visitaba todos los días la planta, porque quedaba a lado de su casa. Paseaba por toda la fábrica con su hijo Dieter a lado, cargando su maletín. Él saludaba amablemente a todos los trabajadores, se detenía alguna vez con uno de ellos y le decía: “Cómo estás Juanita, cómo están tus hijos”, ese tipo de detalles.

Era una persona muy humana. Salía de la fábrica y se iba caminando a su oficina en la Socabaya, un recorrido de unos 30 minutos. Saludaba al sastre de la esquina, al peluquero que estaba más allá, siempre sacándose el sombrero, un personaje.

Cuando llegué de México, necesitaba un departamento para alquilar, entonces le dije: “Don Ernesto, tengo x cantidad de dólares, pero necesito que me preste 5000 dólares más por favor”. Él me respondió: “5000 dólares no le va a alcanzar, le voy a prestar 10000”. Pensó un poco más y añadió: “También le voy a aumentar su sueldo, pero ese aumento me lo quedo a cuenta de la deuda”. ¿Quién te hace eso? Yo estaba trabajando ahí solo 2 años. Antes de despedirnos, me dijo, con un tonito de complicidad: “Esto es entre usted y yo, no se tienen que enterar ni Dieter ni Ernesto”.

LOS 50 AÑOS DE DROGUERÍA INTI

El año 1986 se festejaron los 50 años de la Droguería Inti. Don Ernesto festejó como un niño esos 50 años; al fin y al cabo, era su empresa, la que empezó de la nada. Hizo eventos todos los días en lugares diferentes, para diferentes grupos de gente. En ese entonces no éramos más de 200 personas en toda la empresa y recién estábamos saliendo de una tremenda crisis económica en el país.

Organizó fiestas para el gobierno, para los médicos, para los farmacéuticos, para la gente de la Inti. Cada día era un evento a todo dar, botó la casa por la ventana. A los empleados de Inti les obsequió un sueldo extra. Todo esto sucedió en marzo de 1986. Seis meses después, el 14 de septiembre de ese año, don Ernesto murió por una falla renal. Él viajó de vacaciones a Alemania, se puso mal, su hijo Ernesto fue a recogerlo y al poco tiempo falleció. Tenía 84 años.

CAMBIOS EN LA EMPRESA

A partir de la muerte de don Ernesto, se produjeron cambios sustanciales en la empresa. En ese tiempo Ernesto hijo manejaba lo que era la parte comercial en la Socabaya y el Dr. Dieter manejaba la fábrica en Miraflores. A fines del 86, el Dr. Dieter decidió trasladarse a la Socabaya para ocupar el puesto de gerente general y yo ocupé su lugar como director técnico de la empresa.

En esa transición hubo resistencia de alguna gente farmacéutica con más antigüedad que yo, decían que a ellos les correspondía ocupar ese puesto de director técnico. Pero ahí tuve el apoyo incondicional del Dr. Dieter.

Recuerdo muchísimo el año nuevo de 1987, cuando se hizo una reunión de toda la empresa en los salones de abajo. Ahí él anunció, formalmente, que yo iba a ser el director técnico, el puesto que él ocupaba. Desde entonces sigo en el mismo cargo, pero ahora con la denominación de gerente técnico.

Gonzalo Muñoz Reyes
El Dr. Dieter Schilling (sentado) acompañado de mi persona y Federico Ohnes.

Me dieron la tarea de desarrollar nuevos productos y controlar las plantas, tanto en Miraflores como en El Alto. El año 2002 construimos la planta de sólidos en El Alto, para hacer grageas, cápsulas, polvos, granulados y otros, y para cumplir con las normas de la industria farmacéutica, que ahora se denominan las Buenas Prácticas de Manufactura.

Al cabo de unos años se hizo la planta de líquidos, se modernizó la planta de sueros y se subió todo lo que es Mentisan pomada, nuestro producto estrella. Toda la producción desde entonces se centra en esta planta de El Alto. Desde el 2002 hasta ahora aquí estoy, subiendo todos los días desde San Miguel, ya van dieciséis años en esta rutina.

Ahora el cargo se ha dividido y se ha creado una gerencia de aseguramiento de calidad, a cargo del Dr. Fernando Gallo. Me parece sano, me parece correcto y así se dividen responsabilidades. Yo soy más técnico, me habría gustado meterme más a hacer pruebas de productos, ver plantas e infraestructura. Como especialidad, me habría gustado ejercer como ingeniero farmacéutico.

MI FAMILIA

Soy padre de dos mujeres, que ahora tienen 33 y 31 años. La mayor ya me ha dado un nieto y es lo máximo para mí. La menor está por casarse en diciembre y espero que me de uno, dos, tres o cuatro nietos más. ¡Qué cosa linda es ser abuelo! No tienes las responsabilidades del padre, malcrías a los nietos… y no los tienes 24 horas.

Porque la verdad, los nietos agotan. A los 66 años agacharse para caminar con el muchachito cuando está dando sus primeros pasos… acabas hecho puré en la noche. Como dicen, es muy lindo cuando llegan, pero más lindo cuando se van. Pero realmente estoy gozando de mi nieto.

LOS TIEMPOS POR VENIR

Sobre mi jubilación, veo que los tiempos cambian. La carrera se ha ampliado demasiado. Ahora hay especialistas en biofarmacia, en bioequivalencia, en estabilidad, en buenas prácticas de manufactura y en ingeniería farmacéutica. Ya uno se siente un poco desactualizado porque los campos de estudio y de aplicación son ya muy específicos. Hay muchos temas que las nuevas generaciones manejan mejor que yo.

En cuanto a la parte personal, estoy en pleno cuestionamiento ahora sobre si debo seguir trabajando unos años todavía o postular para mi jubilación. Quiero seguir todavía activo unos cuantos años, si Dios quiere y me permite. Después, no sé qué voy a hacer.

No tengo hobbies, como digamos carpintería o algo así. Eso me preocupa la verdad, voy a estar como un piano en la cocina de mi mujer, no va a saber qué hacer conmigo.

Tengo una casa muy confortable en Huajchilla. Desde hace 30 años que bajamos ahí con mi familia, mis hermanos, mis amigos, hacemos unas buenas reuniones todos los sábados. Ese es mi relax. Una alternativa sería alquilar mi casa en San Miguel e irme a vivir a Huajchilla con mi señora, pero además de eso…

Con mi esposa estamos casados ya 42 años y estamos por cumplir los 43. Somos felices. Yo digo que he sido un privilegiado, porque me he casado y trabajo en lo que me agrada, en una empresa sensacional, estos 40 años.

Qué más puedes pedir, esa es la pura verdad.

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Nota del editor: La siguiente historia corresponde al Sr. Ronald Reyes, gerente financiero, con 21 años de servicio en la compañía. Por favor siga este enlace.

Si desea ver todos los relatos de Droguería Inti, por favor siga este enlace.

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“Historias de vida”, escritas por Marcos Grisi, están disponibles en Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest y LinkedIn.  

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Escrito por

Cada historia que escucho es como si fuera mi propia historia. Y en cierta forma, es la tuya también. Al leerlas, espero que lo sientas así.

3 comentarios en “Gonzalo Muñoz Reyes: gerente técnico en Droguería Inti

  1. Un cariñoso saludo y felicidades para ti y familia estimado Gonzalo. Con mucha atención y emoción leí tu pasar por la empresa, la cual conocí y tuve la oportunidad de trabajar en ella por el año 1979 por lo que recuerdo; mi responsabilidad fue implementar el sistema de Costos de la empresa. Tal como lo describes, papá Shilling era un personaje muy adelantado a la época en que tenía responsabilidad total de la sociedad. Un caballero muy motivador y muy generoso con quienes cumplían sus metas laborales.
    Un hermoso recuerdo de Laboratorios INTI y, también del Banco BISA en el cual tuve el privilegio de trabajar desde sus inicios (en avenida 6 de Agosto en una linda propiedad estilo colonial); ahora, cuando viajo a la ciudad de La Paz, me llena de satisfacción constatar que tanto el Laboratorio como el Banco son empresas de primerísimo nivel.
    Un gran abrazo Gonzalo.
    Manuel Flores (ingeniero Comercial, Chileno, casado con cónyuge Boliviana y agradecido de haber conocido ese maravilloso país que es Bolivia)

  2. Me encantó la naturalidad de su historia!!!…….. me reí por algunas expresiones, que son muy comunes de Bolivia. Hasta pude percibir su personalidad.
    ¡Excelente redacción!

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