Historia de la familia Gutiérrez Gil – sexta parte: 1980 – 1990

Tiempo de lectura: 22 minutos

Después de la muerte de la señora Lydia, las mujeres de la familia se autoimpusieron un luto riguroso por dos años. El doctor Gutiérrez, por su lado, se encontró de repente en una casa nueva y demasiado grande para él solo.

*****

Nota del editor: este es el último capítulo de la historia de la familia Gutiérrez Gil. Si desea leer la serie completa, por favor siga este enlace

*****

Cuenta Pocha:

Cuando murió mamá, me fui a vivir con papá. En esa época yo vivía en el campo con mi familia, pero vine a la ciudad unos meses antes que mi marido vuelva en diciembre. En la casa grande dormía en el cuarto al lado de su habitación.

El anhelo de mamá era que la casa esté siempre bonita, entonces hacía lo posible para que así sea. Cuca también vivía ahí pero, como se iba a trabajar, era yo quien me quedaba todo el día en la casa. Limpiaba la ropa de papá, se la planchaba. Noté que sus zapatos estaban popís (cubiertos con humedad) de lo que no los usaba.

Añade Cuca:

Papá la pasó muy duro en ese tiempo, se quedaba viendo televisión hasta pasada la medianoche. Cuando acababa la transmisión, permanecía una hora más despierto viendo las rayas de la pantalla, perdido en su mundo de pensamientos.

SEGUNDAS OPCIONES

A pesar de que casi todos los hijos vivían en casas cercanas a la de su padre y lo visitaban frecuentemente, dicen que los hombres no pueden vivir solos, no importa la edad que tengan. Algo así ha debido pasar con el Dr. Gutiérrez. A sus setenta y cuatro años —todavía con mucha vitalidad física—, él deseaba tener compañía femenina. 

Una de las primeras acciones que tomó fue ir a visitar a Violeta, aquella novia que tuvo en Santiago de Chile antes de casarse. Ya habían transcurrido más de cincuenta años desde entonces, pero parece que los sueños y los recuerdos no saben de edades ni de tiempos.

Tomó un vuelo hasta Santiago de Chile, acompañado de un familiar. Encontró a Violeta, sí, pero ya viejita y cuidando nietos. Él tenía la imagen de esa Violeta de su juventud y seguramente se hizo ilusiones. Ella se había casado hacía muchos años y había hecho su vida. A Osvaldo no le quedó otra que volver a Santa Cruz.

Pasaron los meses. Cuenta Pocha que, de repente, se puso pituco. Solamente había pasado un año desde la muerte de Lydia cuando empezó a comprarse camisas nuevas, hacer ejercicio y acicalarse con frecuencia.

Rose Marie lo cuenta de esta manera:

Resulta ser que papá enviudó y, a los pocos meses, las mujeres empezaron a llamarlo. Estaba muy bien plantado para su edad. Como yo trabajaba con él en la distribuidora, todas las llamadas por teléfono pasaban por mí. Cuando él colgaba después de una conversación, miraba a papá y le decía: “Papá, por favor, con esa no. Esa solo sirve para las cirugías plásticas y para broncearse”.

ROMANCE

En diciembre de 1981, dieciocho meses después de enviudar, el Dr. Gutiérrez empezó un romance con la señora Wilma Peña. Por lo menos eso es lo que suponen los hijos en cuanto a los tiempos. En esa época, él tenía setenta y cinco años y ella, cincuenta y cuatro. La señora Wilma había enviudado hacía veinticinco años del señor Hernán Mansilla, con quien tuvo seis hijos, y no había vuelto a casarse.

En una de las visitas que el Dr. Gutiérrez hizo a la casa de uno de sus hijos acompañado de la señora Wilma, y viendo lo cariñosos que se trataban el uno al otro, Osvaldito le dijo, en tono de broma: “Papi, creo que está usted a tiempo de darnos otro hermanito.”

Al romance no le faltó la tenaz oposición de Pini, hermana mayor y protectora de la señora Lydia. Cuenta Cuca: “Una vez, cuando fuimos a visitar a tía Pini, ella nos pegó una tratada porque no deberíamos permitir ese noviazgo. Con Rose Marie le dijimos que más bien estábamos contentas, porque así papá iba a estar acompañado y le iba a hacer bien”.

APROBACIÓN DE LAS HIJAS

Una cosa es tener un romance y otra, muy diferente, es querer casarse. Obviamente, el Dr. Gutiérrez tenía toda la capacidad de hacerlo sin pedir permiso a nadie, pero vio por conveniente obtener previamente la aprobación de sus hijas.

A la primera que preguntó fue a Charito. Esto es lo que ella cuenta:

Me acuerdo que me llamó a su escritorio y me dijo que se quería casar. Yo le dije: “Papá, pero me parece que es muy pronto, no hace dos años que se ha muerto mamá”. La verdad que me dolió muchísimo, pero qué podíamos hacer, el necesitaba compañía y alguien que lo cuide.

Pocha continúa:

En esa época yo trabajaba en la farmacia Santa María. Un día papá entró a las nueve de la mañana y me preguntó, directamente: “Vos no querés a Wilma, ¿no?”. “No es así —le respondí—, yo aprecio a la señora Wilma. Si usted quiere hacer una vida con ella, es voluntad de usted, nosotras estamos todas de acuerdo”.

El encuentro con Rose Marie fue diferente.

Papá vino a casa buscando a Paqui. Le preguntó: “Paqui, por favor, ¿tiene un whiskisito y nos salimos al patio para conversar? Pero que no esté Rose Marie”. Ya afuera, le confesó: “Estoy pensando casarme. A la única de mis hijas que tengo miedo de decirle es a su mujer. Ayúdeme usted por favor hablándole sobre el tema”.

Pico, quien estaba estudiando en Río de Janeiro, no fue ni siquiera consultada sobre el asunto. Al final, ella se enteró, en agosto de 1982, de que su papá se iba a casar gracias a un comentario de la señora Yolanda Banzer, con quien se encontró casualmente. “Le refuté que era imposible —cuenta Pico—, pero sí, se estaba casando”.

En tono de broma, Pocha dice que debieron haberle hecho las cosas a él un poco más difíciles, como lo hizo él con ellas muchos años antes: “¡Tanto que nos hizo sufrir él a nosotras con nuestros cortejos!”.

LOS PEÑA

La relación de la familia Gutiérrez Gil con la familia Peña, inesperadamente, se cruzaba por varios lados.

Luis Fernando estaba casado con Jacqueline Brehmer Peña. Su suegra era Delia Peña (hermana de la señora Wilma). Chichote, que para entonces estaba divorciado, enamoraba con Kitty Beischer Peña, hija de otra hermana de la señora Wilma. El primo Eduardo Gutiérrez (hijo de Ramón Darío, hermano de Osvaldo), era casado con Sarita Mansilla Peña, hija de la señora Wilma.

Había mujeres de apellido Peña por todos lados. Osvaldito, de tan ocurrente que era, dijo: “Ah, no, ¡esto es un despeñadero!”.

MATRIMONIO

La boda de Osvaldo y Wilma se llevó a cabo el 6 de septiembre de 1982, en la misma casa grande que fue construida para la señora Lydia.

20190911_173546

Cuenta Pico:

Hacía apenas dos meses que habíamos terminado el luto por mi madre. En la fiesta del matrimonio, todas las hijas mujeres estábamos con cara de pocos amigos. Éramos personas grandes, yo tenía 24 años, Pocha 30, Cuca 32, Rose Marie 38 y Charito 41. Era muy difícil la situación para nosotras. Podíamos entenderla, pero no la aceptábamos.

Como sucede en todas las fiestas de matrimonio, llegó el momento de tomar la foto con toda la familia. Por alguna extraña razón y sin que nadie se hubiera puesto de acuerdo, las cinco hijas se encerraron en el baño. Luis Fernando y Jacqueline fueron los únicos que aparecieron en la foto, la cual fue impresa en tamaño grande y por muchos años estuvo colgada encima de la chimenea del cuarto de escritorio.

“PAPÁ TE VA A BOTAR DE LA CASA”

Cuando Pico terminó sus estudios en el Brasil, retornó a vivir a la casa de sus padres, como a veces ocurre con los hijos universitarios recién graduados. Estuvo en esa casa durante un año.

Pico cuenta:

A veces, a la hora del almuerzo, tenía alguna discusión con su esposa. Me metía a la charla, ya no tenía miedo de opinar como cuando éramos niños. Creo que él pensaba que me metía en sus asuntos o iba en su contra.

Un día me llamó Rose Marie a su oficina. Me preguntó: “¿Cuándo te vas a casar, hermana?” “No me voy a casar todavía —le contesté—, tengo muchas cosas por hacer antes”. “No, —me respondió—. Te vas a casar porque papá te va a botar de la casa, ya no quiere que vivas ahí porque él necesita privacidad”.

Me dolió muchísimo, no tanto porque Rose Marie me lo haya dicho, sino porque nunca pensé que mi padre me botara de la casa. Fui corriendo donde Chacho, con quien estaba saliendo hacía un año y pensábamos casarnos de todas maneras. Le dije: “Nos tenemos que casar ahora”. Y así fue, a los dos meses tuve mi matrimonio y dejé la casa de papá.

Claro, años después Chacho sigue con la broma de que yo le propuse matrimonio y no al revés. 

MATRIMONIO DE PICO

Pico (María Cecilia) se casó el 25 de noviembre de 1983 con Jerjes Antelo (Chacho).

Matrimonio Pico y Chacho

 

MATRIMONIO DE CUCA

Cuca se volvió a casar en septiembre de 1983 con Juan Carlos Santistevan.

 

Matrimonio Cuca 2

 

DECAIMIENTO DEL DR. GUTIÉRREZ

Habla Pocha:

Cuando murió mamá y por los siguientes dos años, yo iba todas las noches a ver cómo estaba papá, porque con la edad naturalmente empezó a tener algunas dolencias. Tenía muchos dolores en la espalda y en sus piernas. Desde que se casó, sin embargo, no supimos más de los cuidados que él estaba recibiendo porque la señora Wilma se ocupaba de él. 

Los dolores de espalda, sin embargo, seguían avanzando. Esto cuenta Luis Fernando:

Por el año 1988, me acuerdo que le dolía tanto la espalda que caminaba doblado y encogido, con bastón. Estaba hasta más chico que yo. Papá decidió largar el bastón y forzarse a caminar en su casa de una punta a otra para ya no depender de un apoyo. Lo logró. Todas las mañanas salía con ropa deportiva a hacer sus caminatas por el barrio.

El año 1989 le detectaron fallas cardíacas, así que viajó con Rose Marie a Santiago de Chile para hacerse ver. Esto es lo que ella recuerda:

Después de pasar por todos los exámenes médicos, fuimos a visitar al Dr. Casanegra, una eminencia en cardiología. El Dr. le dijo: “Si hacemos una operación, debido a lo larga que es la cirugía y la anestesia, es posible que, como secuela, su capacidad mental se vea disminuida. Si no lo opero, va a vivir un año más pero con su capacidad mental intacta. Quiero que usted sea quien decida”.

Mi padre cerró los ojos para pensar. Al cabo de varios segundos, los volvió a abrir, miró al Dr. Casanegra y le dijo: “Prefiero vivir un año con mi capacidad mental intacta”.

Algunos meses más tarde, El Dr. Gutiérrez y uno de sus hijos fueron a la clínica Mayo en los Estados Unidos para hacer otros análisis. Debido a la gravedad de su situación, estaban a punto de intervenirlo. Al darse cuenta de la situación, él salió del hospital sin decir nada a nadie, sin que le den de alta, huyendo.

CONVERSACIONES

El último año antes de morir, el Dr. Osvaldo y Rose Marie tuvieron la oportunidad de conversar largo y tendido sobre muchos temas. En esa época él, con sus ochenta y tres años, seguía trabajando en la oficina pero en tareas simples, ya que toda la administración y responsabilidad de los negocios los había descargado en Rose Marie, quien entonces tenía cuarenta y cinco años.

Esto recuerda Rose Marie:

Yo llegaba a las diez de la mañana a la farmacia, entraba a su oficina y le decía “¡Hola, papá!”. Él pedía que traigan dos cafés y conversábamos de diez a doce, todos los días. El recordaba cómo fue su vida, y hacía una autoevaluación de lo que hizo o no hizo.

Su gran preocupación era Osvaldito, que era un tiro al aire. “No sé en qué falle con tu hermano, porque he tenido que haber fallado en algo para que él sea así. Tal vez en algún momento que me necesitó, no me tuvo”.

Comenté a mi papá que él no había conocido realmente a mi madre, que nunca había visto su otra cara. “Mamá armaba fiestas y se divertía sanamente con sus amigas, hacia coronaciones y bailes de disfraces, era amiguerísima y muy alegre. Tengo una especie de bando carnavalero que le hicieron en una coronación. La casa se convertía en otra cuando usted no estaba”.

Eso era absolutamente cierto. Papá ahuyentaba a sus amigas, no dejaba que se junte con ellas. A él le decían “el cacique de Cordillera”. Era el pavor de todo el mundo, de mis amigas, de las amigas de mi madre. Causaba una especie de miedo entre todos.

Quiso tener una prueba de lo que estaba hablando. Traje esa poesía y se la leí. No se la esperaba. Mamá, delante de él, era una mujer dedicada a atenderlo, no salía de la casa para que él no se enoje. A él le dolió no haberla conocido, no haberse dado cuenta de cómo era, después de haber vivido tantos años juntos.

Tal vez esas conversaciones con Rose Marie (Charito también cuenta que hacía reflexionar a su padre) ayudaron a que el Dr. Gutiérrez cambiara un poco y se vuelva más humano a los ojos de su familia. Cambio al punto en que con la señora Wilma hasta llegó a ver telenovelas, algo absolutamente inesperado en él. Según Pocha: “Después de que murió mamá, quiso recuperar todo el tiempo perdido. Las reuniones familiares se hicieron más frecuentes, quería tener a su familia alrededor. Hacía invitaciones y pedía compartir con todos, hijos y nietos”.

Ese aparente cambio de personalidad del Dr. Osvaldo puede deberse a que ya no tenía que asumir el papel del padre y marido estricto, impuesto por los estándares de la época. En los años ochenta y sin esa presión social, él se pudo mostrar a su familia como quien era realmente: una persona muy sociable y querendona. 

FALLECIMIENTO

Cuenta Luis Fernando:

Mi padre murió a los ochenta y cuatro años, al pie del cañón. Dos meses antes yo estaba con él en Guacareta, y él subía y bajaba cerros con facilidad, cosa que yo no podía hacer con toda mi juventud. Tenía una fortaleza innata. Era fuerte de carácter, de temple, de organismo, de musculatura. Su voz era como un trueno, eso impactaba a la gente. Además, tenía una gran oratoria y era muy carismático.

Fernando con Dr. Gutierrez

Relato de Rose Marie:

Papá nunca faltó a la oficina, jamás. Llegaba a las ocho en punto de la mañana. El día en que sucedieron los eventos era sábado de corso de Carnaval. Papá no apareció por la oficina. A eso de las diez de la mañana llamé a su casa y pregunté a la señora Wilma qué pasaba con él, por qué no había venido. “Se siente un poquito mal”, me respondió.

A las 10:20 ella me llamó de vuelta para decirme que papá quería un tubo de oxígeno. Me movilicé, fui a la Clínica Foianini a prestarme un tubo y se lo llevé. Cuando llegamos, él ya estaba bravo porque nos habíamos tardado un poco. Le pusimos el oxígeno hasta el máximo flujo posible, pero aun así no le era suficiente.

Su médico cardiólogo había viajado unos días antes, así que llamamos a su reemplazante, quien resultó ser terapista. Cuando llegó, al ver sus signos vitales, dijo que había que internarlo inmediatamente. Llamamos a la clínica para que envíen una ambulancia, la cual nunca llegó porque se perdió en el camino.

Su nieta Verónica (hija de Charito) y su esposo Germán lo sacaron de la casa alzado en una silla hasta su movilidad. En el camino, papá con toda la debilidad que tenía, dirigía a Germán por dónde debía conducir. No lo podía evitar, seguía dando órdenes.

Llegamos a la clínica, donde entró a terapia intensiva, era mediodía. A las 12:30 murió. Nuestra prima Chichi Gutiérrez, dueña de la clínica, estuvo en esos momentos. Gaby Vacadiez, administradora de la misma, me contó que, después que sufrió un paro, lo pudieron resucitar. Al volver a tomar conciencia, tuvo la claridad de mente y la fortaleza de decir: “Si este corazón quiere descansar, déjenlo ya” y ahí le vino otro paro y murió. Siempre que recuerdo este pasaje, me viene a la memoria el dicho popular: “Murió con las botas puestas”. 

Cuenta Cuca:

Me llamaron a la farmacia para decirme que papá estaba delicado y que lo habían llevado a la clínica para que lo vean. Después de recibir esa llamada no salí inmediatamente. A las 12:30 llegué a la clínica, justo cuando salía el padre Walter, un sacerdote conocido en la familia. Me dijo: “Cuquita, has llegado tarde, tu papi ya falleció”. Tengo un cargo de conciencia por no haber llegado a tiempo.

“YA PUEDO DESCANSAR”

Mientras las hijas estaban todavía en la sala contigua a terapia intensiva de la clínica, acongojadas por la muerte del Dr. Osvaldo, sonó el teléfono. Como nadie contestaba, Nadia, la hija de Pocha, alzó el auricular. Se oyó la voz de una mujer mayor, preguntando: “¿El doctor Osvaldo?”. “Acaba de morir”, contestó Nadia. Hubo un momento de silencio. “Por fin puedo descansar”, dijo al fin esa voz.

Se trataba de la señora Dora Mercado, a quien el Dr. Osvaldo conoció hacía cincuenta y seis años en Charagua, mientras servía al ejército boliviano en la guerra del Chaco. La señora Dora era estudiante de la Normal y tuvo con el Dr. Osvaldo a un hijo, Chichote, hermano muy querido por los Gutiérrez Gil.

Pues bien, ella también estaba pendiente de cómo iba la salud del enfermo. Al final, se trataba del padre de su hijo.

Rose Marie cuenta que Chichote le dijo que, a la muerte del Dr. Osvaldo, su mamá se tiró a la cama, entristecida y sin querer levantarse. “¡Ya pues mami —le dijo—, qué quiere usted! ¿Irse al otro mundo a seguirlo peleando a la señora Lydia?”.

PENSAMIENTOS DE ROSE MARIE

La vida de papá fue muy fructífera. Era un hombre fuera de serie, extraordinario, un gigante. Donde él entraba, no se podía dejar de notar su presencia. No era alto, medía 1.75, pero sin embargo, se imponía donde sea que llegara, infundía mucho respeto y temor.

Papá se caracterizó por ser un hombre tremendamente recto, a nosotros nos inculcó eso a palos, fuertemente. Nos enseñó muchas cosas buenas, como ser honestidad, trabajo duro, buenos principios y valores.

PENSAMIENTOS DE LUIS FERNANDO

Mi padre nos dio un tesón impresionante para lo que significa el trabajo, el no tener vergüenza de cargar un canasto de papas o de lo que sea. Y también a la inversa, la poca importancia que tiene llenarte de medallas de oro. Era un hombre de mucha dedicación.

Fue un tipo de persona como ya no hay hoy día. En su época eras señor cuando servías a tu pueblo y no cuando te servías de él. Hubo muchos de esos hombres que aportaron para que Santa Cruz sea lo que es hoy.

Yo he pasado también por innumerables presidencias de instituciones, siguiendo justamente esa enseñanza que dejó mi padre, de ser un hombre de servicio. Ese fue un legado que nos dejó a todos nosotros, que no medremos de las instituciones, sino que aportemos con nuestro propio peculio.

PENSAMIENTOS DE PICO

Para todos nosotros, esposa e hijos, era una especie de superhéroe, admirado e inalcanzable. Era un hombre con unos principios intachables. Vos veías que no hacía las cosas para él, sino por los demás. Para él la plata era mejor si la tenía porque le servía, pero no era una persona llevada por el dinero. A él lo llevaba el servicio, lo llevaba el hacer cosas para que Santa Cruz sea un mejor pueblo.

Nos marcó el camino. Somos gente de trabajo, de esfuerzo, que nunca nos vamos a caer y si nos caemos, nos levantamos. Esa marca pasó a la siguiente generación, lo veo en nuestros hijos, saben que su obligación es ser excelentes personas.

PENSAMIENTOS DE OSVALDITO (†)

Este texto es extraído de un trabajo que hizo la señora Ana María Gamarra de Hausmann sobre el Dr. Osvaldo, en el cual entrevistó a varias personas. A continuación se transcribe lo que dijo Osvaldito de su padre (N. del E.: Osvaldito falleció el 15 de agosto del 2009).

Tuvo con nosotros, sus hijos, un cuidado muy especial; fue muy cercano, casi obsesivo. Él se culpaba de no habernos enseñado a defendernos del peligro, de no tomar previsiones. En nuestras conversaciones, lo que más recalcaba mi padre era que yo tenía espíritu de médico. Me decía que tenía las manos y el pulso de los médicos. Nooooo…. ¡mis manos eran para otra cosa! Creo que eso lo decepcionó.

Su legado fue el cuidado amoroso de la familia. Vivía las veinticuatro horas pendiente de hijos y nietos, hasta lo último. Jamás lo vi preocuparse por él.

PENSAMIENTOS DE LA SEÑORA WILMA PEÑA (†)

Del mismo trabajo de la señora Gamarra, se extraen estos pensamientos de la señora Wilma (N. del E.: la señora Wilma falleció el 7 de julio de 2009).

Me uní en matrimonio a Osvaldo en una etapa especial de nuestras vidas. Hasta entonces, ambos habíamos alcanzado la viudez y nos encontrábamos disfrutando de los hijos ya formados. Empezamos a gozar de nuestros primeros nietos y ese ingrediente fue valioso para enriquecer nuestro espíritu familiar.

Osvaldo siempre fue el consejero correcto y atinado. Muy trabajador, con un alto sentido de responsabilidad, formó a una maravillosa familia con quien mantengo hasta hoy una hermosa relación. Su lema fue: “Wilma, mi familia, tu familia”. Con ello me lo dijo todo.

Dr. Osvaldo y Sra. Wilma

 

RECONOCIMIENTO A LA SEÑORA WILMA

La señora Wilma Peña ocupa, para todos los hermanos, un lugar muy especial. Pico recuerda:

Yo la quise muchísimo, tanto así que antes de morir me llamó un día y me dijo, frente a todos sus hijos, que me consideraba como una verdadera hija. Me llevé muy bien con ella, siempre la quise, la estimé y la respeté. Ella dio felicidad a mi papá en sus últimos ocho años de vida.

Tiempo después, cuando la señora Wilma estaba en su lecho de muerte, llamó a Sarita Mansilla, su hija, y le dijo: “Sarita, quiero que en mi necrológico figuren todos los hijos de Osvaldo, porque yo los he querido mucho, siempre he sido muy feliz con él”.

Para los Gutiérrez Gil, la señora Wilma fue como un ángel enviado del cielo, por intercesión de otro ángel: la señora Lydia.

 

EPÍLOGO 

Paqui Bowles, esposo de Rosemarie, escribió esta nota a pedido de los hermanos para terminar la historia familiar: 

Escribir la historia de la familia Gutiérrez Gil resaltando la figura de sus creadores, el Dr. Osvaldo Gutiérrez Jiménez y la señora Lydia Gil Rojas, ha sido todo un acierto de sus hijos. De esa manera se llega a conocer a esa hermosa y digna pareja, a sus descendientes y a la sociedad en general.

Se me ocurre valerme de lo dicho en las lápidas colocadas en el mausoleo familiar.

De la señora Lydia: “Duele acostumbrarse a su ausencia al recordar su alegría de vivir, su sencilla filosofía familiar y su ingenio travieso de alma joven, a la vez que la solidaridad incomparable de su ser”.

Del Dr. Osvaldo: “Aun sin estar con nosotros, se siente su presencia, por su vida toda, su trabajo, su ejemplo, su andar seguro abriendo caminos, su verbo inconfundible de franqueza; su formidable vozarrón de amigo; la fiel e incorruptible entrega a su pueblo y la protección incondicional para los suyos”.

FIN

*****

Notas del editor:

Esta historia se basa en entrevistas y posteriores revisiones con la familia Gutiérrez Gil, realizadas entre agosto y octubre de 2020.

Las fotos fueron proporcionadas por la familia. Otras imágenes tienen la acreditación correspondiente.

La redacción y edición son de Marcos Grisi Reyes Ortiz.

*****

¿Te gustó el relato? ¡Deja un comentario a continuación!

Suscríbete aquí para recibir nuestro boletín de noticias.

El contenido también está disponible en Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest y Linkedin.  

*****

Escrito por

Cada historia que escucho es como si fuera mi propia historia. Y en cierta forma, es la tuya también. Al leerlas, espero que lo sientas así.

2 comentarios en “Historia de la familia Gutiérrez Gil – sexta parte: 1980 – 1990

  1. Y uno va atando cabos de alguna manera x el caminar x nuestra ciudad encuentra farmacia Santa Maria, x reuniones sociales se conoce a la familia Gutiérrez bonita historia familiar muchas gracias.

  2. Recordar a través de esta historia la vida de nuestros padres, me ha llenado de emoción, el pensar que pude disfrutar más de la presencia de ellos,demostrarles más amor, pero es el tiempo el que le enseña a uno lo valioso de los momentos vividos y el no haber sabido aprovecharlos, lo siento en lo más profundo de mi corazón

Deja un comentario