Nací el 14 de mayo de 1943 en Praga, Checoslovaquia, en plena Segunda Guerra Mundial. Al terminar la guerra y antes que el país sea parte del bloque soviético, mis padres decidieron emigrar como refugiados a Alemania, por Baviera.
Nos establecimos finalmente en Múnich, que es la ciudad más grande del sur de Alemania. En la época del colegio era muy activo. Cuando tenía 16 años, jugaba fútbol semiprofesional en el equipo TSV 1860 München. Este es el banderín de mi equipo, lo tengo colgado en mi oficina:
También tocaba en una banda de rock, era de locos, tocaba la batería. Mi grupo era de Múnich, se llamaba Occamstreet Footwarmers.
Después de salir bachiller, trabajé en una industria farmacéutica donde mi jefe era al mismo tiempo el cónsul honorario de Bolivia en Múnich, su nombre era Friedhelm Finke. Él daba trabajo a los estudiantes bolivianos en sus vacaciones de semestre. Fue ahí donde conocí a Miriam Casso, mi futura esposa.
Miriam me dijo que, si quería formalizar nuestra relación, tendría que venir a Bolivia para conocer a su familia. Yo no sabía dónde estaba Bolivia, no sabía nada. Escuché que había un Lago Titicaca, nada más. Entonces me aventuré y vine a Bolivia sin saber español. Era grave. Pero logramos eso.
LA ACOGIDA DE LA GENTE BOLIVIANA
Cuando llegué el año 1966, tenía 23 años. Recuerdo que la gente aquí fue muy amable y muy acogedora, cien puntos. El papá de mi futura esposa era sucrense y la mamá era paceña, de apellido Tapia de Casso.
Me sentí muy querido y me trataron bien. Nos casamos aquí, el año 1967 en la iglesia María Auxiliadora, con la marcha nupcial. Eso era lo que ella quería. No tenía idea de cómo eran los matrimonios en Bolivia. Allá los bailes eran más con valses, pero acá es la marcha nupcial. La iglesia estaba llena, porque la familia de mi señora estaba muy relacionada con la sociedad. El alcalde de La Paz de ese entonces, el general Escóbar, era nuestro testigo de boda.
MIS PRIMEROS TRABAJOS EN BOLIVIA
Empecé trabajando para el Sr. Abendroth, el papá de Bernd, en la parte administrativa. Estuve allí 3 años. Veía todas las líneas que ellos comercializaban: materia prima, químicos, productos farmacéuticos terminados, perfumes y maquinaria. Solo tenían productos importados que traían de Alemania, Suiza e Italia.
Mi relación con Droguería Inti fue a través de Ernesto Schilling hijo, con quien nos conocimos por amistades comunes en fiestas. “¿Qué haces en Bolivia?”, me preguntaba. Yo le decía tal y tal cosa y me respondía: “Pucha, eso es justamente lo que necesitamos para mi empresa”. Así conversábamos.
Una vez, en un encuentro, Ernesto me ofreció que trabaje directamente en Inti. Yo le contesté que no iba a romper ningún contrato, que terminaría el acuerdo que tenía con Abendroth en los plazos que se requerían y después podríamos charlar.
En el ínterin, me reuní también con su papá, don Ernesto Schilling, y con don Alfredo Rea Nogales, quien era el presidente de la compañía. Llegamos a un acuerdo y ellos al final firmaron el contrato conmigo, el 2 de noviembre de 1969. Desde entonces trabajo en Inti.
EN INTI COMO VENDEDOR
Comencé como vendedor de ciertos productos específicos importados. Para capacitarme, me enviaron un mes a Alemania a fin de conocer las fábricas que iba a representar y comprender en detalle sus productos. En 1970, papá Schilling me dijo que iba a ser su gerente de ventas y me ascendió.
Entre mis responsabilidades como vendedor estaba la de viajar a cada agencia y a cada mercado que teníamos en el interior del país. Así es como conocí toda Bolivia. Iba por unos cuantos días para entender, ver los problemas, visitar a los clientes y empaparme más con los quehaceres de la empresa.
Uno de los lugares que me impresionó mucho fue Guayaramerín, porque queda justo en la frontera con el Brasil sobre el río Mamoré. Todo el tiempo ves barquitos que van y vienen de una orilla del río hacia la otra. Son botes a motor y, dependiendo a dónde van, ponen las banderas de los países donde les corresponde atracar. Si iban del lado boliviano al brasilero, ponían la bandera de Bolivia adelante y la de Brasil atrás. Si volvían del Brasil, ponían la bandera brasilera adelante y la boliviana atrás. Era como un servicio de shuttle.
En los años 70, Guayaramerín era una población pequeña, muy rústica. Al otro lado en Brasil, donde está el pueblo de Guajará-Mirim, ya estaba todo iluminado; hasta tenían aeropuerto con luz.
Santa Cruz también me impresionó porque era completamente nueva para mí. Fue la primera ciudad tropical que toqué, después de bajar de la altura de La Paz. Allá iba al ingenio La Bélgica para visitar a la familia propietaria, que compraban varios productos químicos para su empresa de azúcar.
Me gustó mucho Cochabamba, muy linda ciudad, aunque era pequeñita y no tan desarrollada como ahora. Y también Camiri. En ese entonces teníamos unas ocho agencias en todo el país y yo las visitaba todas regularmente.
Trinidad era para mi única, porque apagaban las luces a las 7 de la noche. Algunas personas pudientes tenían su propio motor generador, entonces ellos tenían luz, el resto no, usaban esos focos de carbón. Cuando caminabas por sus calles tenías que saludar a todo el mundo, porque todos estaban sentados en la vereda por el calor. ¡Pobre de usted si no saludaba, como extranjero peor todavía! Yo me relacioné inmediatamente con la gente y me gustaba mucho. El Beni era totalmente diferente.
Cuando vine aquí a Bolivia, decidí apagar totalmente el foco. Me dije: “Si piensas todo el rato en Alemania, te va a comer el deseo de volver”. Yo quería aprender a toda costa el español, las costumbres, conocer a mis clientes, relacionarme con la gente.
Una de las costumbres que agarré fue la de ir al fútbol. En el Beni también había un equipo; la cancha era horrible, pero estaba de acuerdo con el lugar. En este deporte uno conoce todavía más gente. Ahí uno se toma sus cervecitas como en Alemania, que se toma cerveza en los estadios.
NUEVAS RESPONSABILIDADES
El año 1981, cuando ya tenía 12 años de trabajo en la empresa, papá Ernesto me transfirió a la fábrica que quedaba en Miraflores. Mis nuevas responsabilidades ya no eran como gerente de ventas, sino en trabajos especiales. Ayudaba al Dr. Dieter en la importación de todos los productos que traían: materia prima, productos terminados y maquinaria. La importación de materia prima era un montón.
En mis nuevas funciones ya no tenía que contactarme con los clientes, sino con los laboratorios de la competencia, con quienes tenía buenas relaciones. Esos laboratorios eran: Vita, Alfa, Hoechst Boliviana, Bayer Boliviana y varios otros más. Siempre he tenido muy buenas relaciones con todos ellos. Ya mi español se entendía, porque antes mataba el español. A todos ellos los veía también en las reuniones y actividades de la Asociación de Laboratorios Industriales Farmacéuticos Bolivianos.
Otro de los trabajos especiales que hacía era el costeo de producción, que lo coordinaba con el doctor. Era nomás un trabajito. En el departamento estábamos solo dos secretarias, yo y el doctor que nos supervisaba. Teníamos esas máquinas calculadoras antiguas, las que daban vuelta la manilla. Cuando salieron las calculadoras digitales yo me compré la mejor que había, que tenía rollo de papel para imprimir. Aún sigo teniendo esa calculadora aquí sobre mi escritorio, es una Monroe, que tiene más de treinta años de antigüedad.
Ahora ya es diferente, la tecnología nos ha ayudado. En el departamento que trabajo ahora, la GAD que es la Gerencia de Adquisiciones, ya somos 14 personas. Tenemos también apoyo de los practicantes de la FPD (Formación Profesional Dual Boliviano – Alemana), cuatro personas por año.
MI RUTINA DE TRABAJO
Yo estoy todas las mañanas aquí en la oficina a las 7 de la mañana. La costumbre viene desde que papá Schilling me dio su llavero que era de dos pisos, cuando la fábrica estaba en Miraflores: “Federico, esto es para tal parte, esto para tal parte”. Yo tenía que venir en las mañanas, abrir las puertas, activar el purificador de agua, encender la luz y preparar las máquinas para que se puedan precalentar.
La gente entraba a las 8 de la mañana. Nosotros teníamos un pito, como buena fábrica, que terminó marcando la hora para todo el barrio. Todos sabían que eran las 8 menos 10 por el primer pitazo, 8 menos 5 por el segundo pitazo y después el pito final a las 8.
Una vez hice la prueba de bajar a mi casa para almorzar a mediodía y después volver a subir, pero no me alcanzaba el tiempo. Estaba 10 minutos en casa y mi estómago ya estaba mal. La solución fue traerme el almuerzo en mi bolsón, hasta ahora lo traigo; la señorita que hace la limpieza me lo calienta en el microondas. Así estoy más tranquilo y trabajo de corrido.
ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DE INTI
Yo me siento como en familia aquí, con eso digo todo. Es como mi segundo hogar. Éramos una de las pocas empresas, sino la única, que teníamos una guardería. Eso habla mucho de la parte social, porque aquí siempre se ha dado mucha importancia al bienestar de la familia.
Antes nosotros hacíamos también un día de campo. Papá Schilling, sus hijos y todos los gerentes preparábamos una parrillada para los obreros, para los empleados. Nosotros en persona les servíamos la comida.
Otro tema muy importante es que Inti siempre se caracterizó por su puntualidad en los pagos. Siempre, cristianamente, el último día del mes ya teníamos nosotros el dinero, porque la gente contaba con eso, ¿no es cierto?
Y papá Schilling, siempre y cuando pudiese, ayudaba a la gente, les daba préstamos. Cuando alguien construía su casa le daba un préstamo a mediano plazo para que pueda terminar su vivienda; era una cosa muy especial, como un reconocimiento. El que se prestaba devolvía también religiosamente el dinero. Para las personas que él creía que era necesario, ofrecía ayuda de esta forma.
Después está la ropa de trabajo. Siempre la teníamos, con el escudo de la Inti a la vista con mucho orgullo. La gente de la oficina ahora tiene uniformes. Por mi parte, tengo la costumbre de ponerme siempre un mandil blanco, desde la vez que entré a trabajar al laboratorio. Es por eso que me dicen doctor y yo les digo que no me hinchen, no soy doctor y no me agarro de títulos que no tengo. Los otros por respeto me dicen doctor, yo me río nomás, porque sé que lo dicen con cariño.
PRESIDENTE DEL DIRECTORIO
En el año 1997 me nombraron vicepresidente del directorio de Inti, mientras Ernesto hijo era el presidente. Estuvimos así por dos años hasta que a Ernesto lo nombraron embajador de Bolivia en Alemania en 1999. Desde ese entonces ocupo el cargo de presidente del directorio, ya van a ser 20 años.
Soy además el representante legal de la empresa, junto con Christian. Eso es un poco fregadito, ¿no? Es una responsabilidad también. Pero en eso estamos. Cuando me jubile ahora, tienen que anular todos mis poderes.
MIS INSTITUCIONES
También he sido presidente del Club Alemán en Achumani durante 16 años. Antes de entrar al comedor del club, está ahí mi retrato. Y también he sido presidente de otra institución muy importante: el Centro Cultural Alemán, durante 18 años.
Esa era mi vida: Inti y mis instituciones. Mi señora a veces me decía: “Tú sabes más de Inti, del Club Alemán y del Centro Cultural que de tu familia”. Así nomás son las cosas. Por eso siempre digo: Inti es mi familia. Uno se siente así, muy agradecido por la acogida.
Ahora soy el presidente de la iglesia católica de habla alemana. Ofrecemos mucha colaboración a los niños de la calle, que tienen problemas y necesidades. La empresa y mi persona en particular los apoyamos. Inti es muy reconocida, siempre ha aportado, Christian puede decir más sobre esto.
MI FAMILIA
Con mi señora criamos tres hijos y construimos nuestra casa. Ella era programadora de sistemas, pero después tuvo que dejar su profesión para cuidar a las guaguas. Manejaba nuestro auto cruzando la ciudad todos los días hasta el colegio Alemán, que estaba en la calle Aspiazu en Sopocachi. Nosotros vivíamos primero en Irpavi y después en Achumani. El único auto que teníamos lo manejaba ella.
Para ir a mi trabajo, tomaba el micro amarillo N, ese que va a Irpavi. Me dejaba en la Comibol y de ahí me iba caminando hasta la calle Socabaya. Años después me compré un segundo auto, con el cual llevaba a los chicos al colegio y después iba directamente a Miraflores.
Mi esposa falleció hace ocho años, murió de cáncer. Desde entonces vivo solo y me he dedicado más a la empresa. Solo descanso los sábados y domingos.
Cuando me jubile, en primer lugar, voy a ordenar todo lo que he dejado en años pasados, comenzando por los documentos, lo que sirve y lo que no sirve, lo que hay que archivar. Tengo una casa grande y hay harto por hacer.
Tengo tres hijos. Mi hijo mayor se llama Christian, está casado y vive y trabaja en Santiago de Chile. Wolfgang, quien se ha quedado aquí, tiene su casa propia y me ha dado cuatro nietos. Y mi hija vive en Estados Unidos con mis otros tres nietos.
Yo creo que mis nietos me van a ocupar mucho tiempo.
A mí me gusta mucho la música, tengo un montón de discos de vinilo todavía y también tengo mis CD. Ya mis nietos le están echando ojo al abuelito.
LOS ÚLTIMOS MESES DE TRABAJO
En este momento llevo 49 años y 3 meses en la empresa y voy a trabajar hasta fines de enero. Ahí ya me voy a la jubilación, tengo 75 años de edad. Ernesto se jubiló antes.
Nunca dejé de estar activo. Esa es la vida que he buscado, la vida que me ha llenado y que me ha dado muchas alegrías. Claro, siempre había uno que otro desencuentro como en todas partes, porque la vida sin problemas no es vida. Y entonces, sobrellevar y sobrepasar todo eso. La oficina me ayudó mucho, cuando tenía problemas en casa me metía en la oficina y me olvidaba de todo.
Así han pasado los años, ya ha tocado la hora de partir. Uno se va con un ojo alegre y el otro ojo con lágrimas. Así me estoy sintiendo. Porque para mí, Inti es como mi segundo hogar y no conocí otra cosa por los casi 50 años que estoy acá.
He visto crecer a la empresa. Cuando llegué éramos 120 o 130 personas y ahora somos mil y tantos. Entonces es un orgullo personal haber contribuido al crecimiento y al desarrollo de la empresa, cada uno en su puesto. Cuando uno dice Inti, toda la gente piensa: “¡Qué gran empresa!” y ese orgullo también recae sobre uno.
Sí, así son las cosas.
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El viernes primero de febrero de 2019 se hizo una despedida para el Sr. Federico Ohnes. Estas son algunas de las fotos que se tomaron en la ocasión:
CONDECORACIÓN
El dia 11 de Marzo de 2005 recibi, en el marco de un cóctel de honor en la Embajada de Alemania, el certificado de nombramiento oficial como portador de la Cruz al Mérito Bundes Verdienstkreuz, firmado por el entonces Presidente de la Republica Federal de Alemania, Horst Koehler.
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Nota del editor: La siguiente historia corresponde al Sr. Benjamín Torricos, gerente de unidad de negocios, actualmente jubilado. Por favor siga este enlace.
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“Historias de vida”, escritas por Marcos Grisi, están disponibles en Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest y LinkedIn.
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