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– Qué hermosa vista al mar tienes desde tu restaurante… mirá nomás esos colores…
– Sí, la verdad es que soy afortunado. Y como este, hay otros lugares que tienen la misma vista. Son casi 220 kilómetros de costa que tenemos de sur a norte, es la ventaja de ser un solo país.
– Sí, así es. … A propósito, vas a ir a los festejos?
– No, ya estoy harto de ellos. Todos los años lo mismo, unos acordándose de los mártires de un lado, otros de los mártires del otro lado, ya me tienen cansado.
– Pero qué esperabas, fue una guerra muy larga.
– ¿Sabes? A mis nietos no les interesa el tema. Para ellos, es historia. Sólo viejos como tú y yo seguimos acordándonos de eso. Las nuevas generaciones tienen otras preocupaciones.
– ¿Como cuáles?
– El otro día mi hija me contó que tuvo una discusión con mi nieto, que tiene unos quince años. La charla empezó sobre un proyecto del nuevo alcalde de rehacer la Plaza de la Memoria, que queda frente a la playa. Te acuerdas dónde queda, ¿no? Allí hay una estatua de una mujer tendida en el suelo abrazando a sus hijos.
– Sí, claro que me acuerdo, voy allá de vez en cuando.
– Bueno, para mi nieto ese lugar es ófrico, tiene mala vibra. Le disgusta la vista de los edificios destruidos que dejaron en pie. Él está 100% de acuerdo con el proyecto del alcalde, que quiere tumbar todo eso y hacer un parque con canchas de fútbol, senderos para caminar, lagunas y jardines para hacer picnics. Según él, debería ser un lugar que traiga alegría a la gente y no tristezas.
– Algo de razón tiene el muchacho…
– Lo que sacó de quicio a mi hija es que le dijo algo así como “los estúpidos traumas tuyos y del abuelo con el pasado son lo que no nos dejan en paz a los jóvenes”.
– ¿Estúpidos traumas? ¿Y quién se cree ese muchacho para andar así insultando libremente la memoria de sus antepasados?
– Fue una discusión algo agria, mi hija estaba furiosa y se separaron enojados. Lo que pasa es que ella no puede olvidar todas las historias que escuchó de mí sobre la guerra.
– Es que fue terrible, mi papá la vivió en carne propia cuando era niño.
– Pero ahora ya somos un solo país de 30 millones, parecería que habríamos superado el pasado… pero no, mientras nosotros los viejos sigamos vivos, vamos a seguir acordándonos.
– Sí… tienes razón…. es de nunca acabar. Cambiando de tema, sé que a tu nieto le gusta las carreras de bicicletas. ¿Va a ir a esa que cubre todo el país? Tiene un nombre bonito, Integración de Nuestro Hogar, o algo parecido. ¿Desde dónde parte?
– Desde la punta sur de la playa hasta el mar en el norte, son como 170 kilómetros. Les toma todo el día, con descansos. Está muy entusiasmado, va a ser su primera vez. Participa gente de todo el país y también vienen muchos del exterior. Espero que lo haga bien o que por lo menos llegue a destino.
– Le va a ir bien, vas a ver.
– Bueno, ya se está haciendo tarde, casi no hay turistas en la playa. ¿A qué hora cierras tu restaurant?
– A las nueve, ya no quiero quedarme hasta muy tarde, me canso rápido. Y tú, ¿a qué hora cierras el tuyo?
– A la misma hora, a mi vieja tampoco le gusta quedarse hasta tarde.
– Nos vemos mañana entonces.
– Ok, hasta mañana.
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Este es un cuento de ficción. Cualquier parecido a una persona o situación que conozcas es pura coincidencia.
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