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Bernardo Elsner Schweitzer: de Alemania a Bolivia, una historia

Tiempo de lectura: 19 minutos

Mi familia proviene del norte de Alemania, del estado de Schleswig-Holstein, que queda al norte de Hamburgo, cerca de Dinamarca. A finales del siglo XIX, mi abuelo tenía a su cargo el control de existencias de peces en los lagos y en el mar.

Mi padre, Bernhard Friedrich Christian Elsner, nació el año 1896 en Nortorf, que es el mismo pueblo de mi abuelo, en el centro de Holstein. Fue el noveno hijo de los diez que tuvieron mis abuelos.

Él terminó sus estudios de colegio en 10 años, porque en ese tiempo no había que hacer el bachillerato (Abitur) inmediatamente. Lo usual era que los estudiantes hagan un examen para escoger un oficio, si no querían ir a la universidad.

Después del examen, mi padre empezó a trabajar como aprendiz de ferretero (en alemán Eisenwaren), en el negocio de un primo suyo. Trabajó un año allí, aprendiendo el manejo de la ferretería. Cuando cumplió 16 años, se enroló en el servicio militar, como mandaban las leyes de su país.

Mientras tanto, tres de sus hermanos mayores viajaron a América del Sur atraídos por la fiebre de la goma en la Amazonía boliviana. Más adelante cuento algo más de ellos. Mi padre, que era casi el menor de todos, también quería venirse detrás de sus hermanos y ellos incluso le dieron un contrato de trabajo para que pueda salir del ejército.

Sin embargo, mi padre se vio obligado a postergar sus planes porque justo en esos meses, julio de 1914, empezaron las hostilidades que llevarían a la primera guerra mundial. Cuando empezó la guerra, él ya tenía el grado de teniente y le asignaron funciones en el frente francés. En el frente de batalla inhaló gas venenoso, que tuvo consecuencias en su salud por el resto de su vida.

En 1916 fue tomado prisionero, y recién lo liberaron dos años después de terminada la guerra, en 1920. Como mi padre tenía un grado de oficial del ejército alemán, tuvo un trato privilegiado como prisionero de guerra. Esos cuatro años, bajo vigilancia de las autoridades francesas, no fueron tan severos y aprovechó el tiempo para estudiar contabilidad.

Al volver a Alemania, mi padre estuvo dos años más en el ejército, hasta 1922, realizando trabajos de escritorio. En total, él estuvo 10 años involucrado con la parte militar, desde sus 16 años, cuando empezó el servicio militar, hasta sus 26 años.

El año 1923, mi papá finalmente pudo viajar a Sudamérica para encontrarse con sus hermanos mayores.

LA FIEBRE DE LA GOMA EN BOLIVIA

Ahora relato qué pasó con mis tíos mayores. Tres de ellos, Johannes, Heinrich y August, llegaron a Bolivia a principios del siglo XX atraídos por la fiebre de la goma. Vinieron por el Brasil, vía Corumbá, y establecieron su base en Trinidad. En toda la zona donde se explotaba la goma había mucha venta, mucho dinero y mucha gente extranjera también: alemanes, suizos, americanos y de otras nacionalidades.

La fiebre de la goma fue descarnada. No había reglas, cualquiera se metía al monte y sacaba goma, la acumulaba y vendía las bolachas. Las bolachas tenían precio local y precio internacional. Lo único que valía era el precio internacional porque eso era reconocido, pero localmente vendían la goma al precio que les daba la gana. Mucha gente se hizo así muy rica.

Los tres hermanos fundaron una firma en Trinidad que se llamaba “Elsner Hermanos”, que la utilizaron como una empresa comercial. El hermano mayor, Johannes, quien fue el primero en venir a Bolivia, volvió a Hamburgo para comprar mercadería alemana para enviar a Bolivia, para que sus hermanos la comercien en el mercado nacional. A cambio, recibía el pago en oro físico que enviaban desde acá.

Mientras vivían en Trinidad, los dos hermanos que quedaron, Heinrich y August, tenían la mejor casa de la ciudad, “es la casa Elsner”, decía la gente. Muchos años después, me la llegaron a mostrar: era en realidad una casa chiquita, en un pueblo pobre. Pero para la época era lo mejor que había.

Cuando la fiebre de la goma se acabó por el año 1915, mis tíos se trasladaron a La Paz para continuar con el negocio de la casa comercial Elsner Hermanos. La misma razón social de la empresa que fundaron en Trinidad pudo ser utilizada en La Paz.

En La Paz había mucho más movimiento económico debido al auge de la minería y porque también era el nuevo centro político del país. Enrique y Augusto (ahora con sus nombres castellanizados) arreglaron una casa antigua en la esquina de las calles Yanacocha y Mercado, en pleno centro de la ciudad, y la pusieron en muy buen estado. También se la conoció como la Casa Elsner.

La firma se dedicaba a la importación y exportación de mercadería. Primero trabajaron con la goma, y cuando ese negocio se acabó, empezaron con productos mineros, especialmente estaño. Ellos trabajaban exportando materia prima boliviana e importando productos de industria alemana, todo en coordinación con el hermano mayor, Johannes.

EL VIAJE DE MI PAPÁ A BOLIVIA

Cuando mi padre vino a Bolivia, él ya tenía 26 años. Alemania en ese entonces atravesaba una profunda crisis económica y mucha gente emigraba hacia las Américas. Mi papá se contactó con sus hermanos mayores en Bolivia y se embarcó en Hamburgo para unirse a ellos, como lo tenía planificado desde antes que empiece la guerra.

Para venir desde Alemania, él tomó el barco desde Hamburgo rumbo a Buenos Aires, y de ahí el tren hacia el norte hasta La Paz, pasando por Oruro. Las vías del tren habían sido habilitadas unos años antes, como parte del tramo Arica-La Paz.

Cuando llegó a Oruro, tomó un descanso para esperar que el tren retomara el viaje hasta llegar a La Paz. Fue ahí, en Oruro, donde conoció a mi madre.

Mi mamá, Elsa Schweitzer, era la hija única de unos prósperos comerciantes quienes radicaban en Santa Cruz. Los tres habían llegado unos días antes de un viaje por Europa trayendo mercadería para su casa comercial, que tenía sucursal en Oruro. Estaban a punto de salir hacia Cochabamba en tren, para después hacer el viaje Cochabamba-Santa Cruz a lomo de caballo.

Mi madre nos contó que cuando vio a mi padre por primera vez, dijo: “Éste o nadie”. Ese era su dicho: “Éste o nadie”. En ese entonces, ella tenía casi 20 años.

Mi padre siguió su viaje hasta La Paz como lo tenía programado y se vio con sus hermanos mayores. Pero tan pronto pudo, se fue detrás de mi mamá. Tomó el tren hasta Oruro, de ahí hasta Cochabamba y, según nos contó a nosotros, hizo el tramo Cochabamba-Santa Cruz a lomo de caballo en solo 5 días, lo cual era todo un récord. Cambiaba de caballo de posta en posta.

LA FAMILIA DE MI MAMÁ: LOS SCHWEITZER

Los papás de mi madre, Felipe Schweitzer y Deterlina Barba, venían de la época de la goma, ya eran personas de recursos. Cuando mi papá los conoció en 1923, se dedicaban al comercio: casimires, telas para vestir, máquinas de coser, entre otros artículos. Las primeras máquinas de coser Singer fueron traídas por ellos. La casa comercial bajo la cual operaban se llamaba La Providencia Schweitzer y Cía.

Los Schweitzer tenían su negocio en Santa Cruz, La Paz y Oruro. El gran movimiento del país se desarrollaba en los años 20 en Oruro, era un centro minero valioso y una ciudad muy importante en ese tiempo.

Felipe Schweitzer, mi abuelo materno, era pariente de Albert Schweitzer, quien fue premio Nobel de la paz en 1953.

EL MATRIMONIO DE MIS PADRES

Mis padres se casaron en 1925 en la ciudad de Santa Cruz, seguramente en la casa de mis abuelos maternos. En las conversaciones que tuvieron mis abuelos con mi padre sobre el futuro de la pareja, me imagino que se les ocurrió que podrían reforzar la sucursal de la casa comercial en La Paz, con mi padre y mi madre trabajando juntos allá. Había la ventaja que los hermanos de mi padre ya vivían en La Paz y tendrían un apoyo por ese lado.

Para ampliar más la sucursal de La Paz, había que comprar más mercadería para abastecerla. Es así como mis padres viajaron nuevamente a Alemania para comprar productos nuevos para traer a Bolivia y a la vez para que mi abuela paterna conociera a su nueva nuera.

Fue en ese viaje cuando yo nací, el 3 de agosto de 1926. Soy el único hijo de mis padres nacido en Alemania.

Mi papá, mi mamá y yo.

Cuando mis padres volvieron de ese viaje, se fueron directamente a Santa Cruz sin pasar por La Paz, seguramente para rendir cuentas con mis abuelos y tal vez para dejarles algunos ítems de mercadería también. Fue en ese tiempo que nació mi hermana Ely, quien es la única cruceña de la familia.

Ya con todos los asuntos de negocio en orden, mis padres partieron a La Paz, llevando a dos niños en brazos y mercadería para la nueva sucursal. En La Paz nacieron mis otros tres hermanos menores: Lina, Hans y Teresita.

En 1932, mientras mis dos hermanas menores Ely y Lina se quedaban en La Paz al cuidado de mis abuelos maternos, yo viajé nuevamente a Alemania con mis padres. Una de las razones para el viaje ha debido ser la de traer mercadería para el negocio. Yo ya tenía 6 años y me acuerdo que ahí conocí a mi abuela paterna. Ese viaje a Alemania duró 10 meses de ida y de vuelta.

Foto de 1939. De izquierda a derecha: Lina, yo, Hans y Ely. Teresita no había nacido todavía.

NACIMIENTO DE CASA BERNARDO

Mis padres empezaron trabajando como socios o empleados de la empresa de mis abuelos, La Providencia Schweitzer y Cía. Con el tiempo, mi padre hizo su propia empresa, que la llamó Casa Bernardo. Él no quería trabajar con nombre ajeno.

Así nació Casa Bernardo, el año 1938 o por ahí. La base del negocio era la filial de la casa comercial de los Schweizer, pero ya de propiedad de mi padre, sobre la misma actividad comercial de importación/exportación de mercadería.

El año 1939, justo antes de la guerra, Casa Bernardo inauguró su propio edificio, tenía 100 empleados en planillas.

LA GUERRA Y EL EXILIO EN LA ARGENTINA

A consecuencia de la segunda guerra mundial, muchos países sudamericanos declararon la guerra a Alemania, en gran medida debido a las presiones de los Estados Unidos. Es así que en 1942 el gobierno boliviano emitió una orden para tomar prisioneros a ciudadanos alemanes, con el fin de llevarlos a campos de concentración en Texas.

Uno de los amigos políticos de mi padre le dijo: “Bernardo, desaparecé, porque hay una orden para arrestar a todos los alemanes”. De esta manera toda mi familia se fue a Buenos Aires, escapándose. Mi tío Augusto también se fue a esa ciudad, pero mi tío Enrique se quedó en La Paz.

El negocio de Casa Bernardo se quedó en manos de un apoderado, el Sr. Hans Weidmann y de un sobrino de mi papá, Joachim Bauer, hijo de mi tía Doris Elsner.

Joachim nació en Bremen, Alemania, y vino a Bolivia para trabajar con sus tíos. A él no lo persiguieron, tal vez porque era muy joven. Su hermano Guillermo, que también vino a Bolivia, se casó con la hija de Guillermo Kyllman y después fundó con su suegro la firma Kyllman Bauer & Cía., que fue la antecesora de Hansa.

NUESTRA VIDA EN BUENOS AIRES

Cuando mi papá se fue a Argentina, se ha debido llevar plata porque vivíamos muy bien allá. En Buenos Aires teníamos una hermosa casa, cuando pienso en ella se me para el hipo. Él compró una casa que ya estaba vieja y se dedicó más de un año a reformarla. A él le gustaba arreglar cosas, además que sabía de ferretería.

Vivíamos en el barrio de Belgrano, que era un barrio elegante. La casa estaba situada en un lugar hermosísimo, con casas de familias inglesas, las calles muy bien cuidadas, los árboles en la calle hermosos, era muy lindo. Estábamos a tres cuadras de la estación de Belgrano, de modo que cuando yo iba al centro o al cine, iba a la estación, compraba un boleto y me iba a Retiro.

Cuando nos fuimos a Buenos Aires yo tenía 16 años, era un jovencito, y la pasaba muy bien allá. Saqué el bachillerato argentino y el bachillerato alemán. Estuve toda la época de la adolescencia allí. Mi hermana Teresa, quien era la menor de todos, era niña cuando llegamos a la Argentina.

Recuerdo que mi papá siempre estaba ocupado. Él tenía un negocio de mercadería con su hermano Augusto. En ese entonces ya empezaba a haber industria argentina y exportaban ésta a Bolivia con preferencia, tal vez para que la distribuyan sus hermanos en La Paz.

Después de 8 años de vivir en ese país, en 1948, mis padres decidieron volver a Bolivia. Mi padre vendió la casa en 30.000 dólares, un precio extraordinario para ese tiempo. Con ese dinero empezaron nuevamente la Casa Bernardo en La Paz.

Fue en la época de colegio que conocí a mi esposa, Silvia Reid, quien era nacida en Argentina pero de ascendencia escocesa y alemana. Ella estaba un curso menos que yo.

ESTUDIOS Y MIS INICIOS EN CASA BERNARDO

Salí bachiller el año 1944 e inmediatamente entré a la universidad a estudiar ciencias económicas. Silvia, por otro lado, también entró a la facultad a estudiar farmacia.

Cuando me gradué el año 1951 con un título de doctorado en ciencias económicas, tuve que volver inmediatamente a Bolivia porque mi padre se sentía muy mal de salud. Los efectos de haber inhalado gas venenoso durante la primera guerra mundial le estaba finalmente afectando y el doctor le recomendó salir de La Paz e irse a Santa Cruz para que pueda respirar mejor.

Foto de esos años: arriba están mi papá, Hans y yo. Abajo están Teresita, Lina, mi mamá y Ely.

Cuando llegué a La Paz ese año, mi padre me posesionó directamente al cargo de gerente general de la empresa. A mí no me gustó mucho entrar así, porque sentía que me faltaba experiencia de trabajo. Casa Bernardo en ese entonces tenía 60 empleados y muchas complejidades en la operación, de las cuales yo no sabía mucho.

También estaba ahí mi primo, Joaquín Bauer (ya había castellanizado su nombre), quien ya estaba trabajando hace 26 años y además era 22 años mayor que yo. Cuando mi papá regresó de Argentina tres años antes, llegó a un acuerdo con Joaquín para que él se convierta en socio minoritario.

Estaba en una posición muy difícil, pero no tuve alternativa otra que aceptar el puesto. Mis padres eran los accionistas mayoritarios y tenían que dejar el puesto a alguien que los representara.

Mientras tanto, mi noviazgo con Silvia prosperó y nos comprometimos a casarnos. Nuestro matrimonio se celebró en la ciudad de Buenos Aires el 27 de mayo de 1952, con la presencia de los padres de Silvia y de solo mi hermana Ely de parte de mi familia.

Mi matrimonio con Silvia.

El año 1955 mi padre falleció en la ciudad de Santa Cruz, tenía 58 años. No pudo aguantar el colapso que se produjo en sus pulmones.

Con el paso del tiempo nacieron mis cuatro hijos: Claus (1953), Christian (1955), Clemens (1958) y Annette (1962).

En esta foto están mi hijo mayor Klaus, el del medio Christian, y mi sobrino Mariano Muñoz. Fue el año 1956, en nuestra casa de la Av. 6 de Agosto, en La Paz.

NUESTRA PARTICIPACIÓN SOCIETARIA EN LA EMPRESA

Trabajé en Casa Bernardo por 22 años. Tuvimos varios momentos difíciles y en algunos casos yo, por mi falta de experiencia, no tomé las mejores decisiones.

Uno de los empleados más antiguos de la empresa, el Sr. Franz Vedral, quien era el gerente financiero, se hizo socio de la empresa y empezó a comprar acciones a mis hermanos y a mi primo Joaquín. A principios de los 70s, el Sr. Vedral ya era socio mayoritario de la empresa, lo cual produjo mi alejamiento de la compañía.

De nosotros cinco, solo mi hermano Hans y yo participamos en la empresa. Hans estuvo más involucrado en Fateja, que era una fábrica de tejidos fundada por mi padre y que pertenecía al mismo grupo. Ninguna de mis hermanas tomó interés y esto produjo de alguna manera que no actuemos como bloque con las ofertas de compras de acciones. Cada quien fue vendiendo su parte de a poco.

Actualmente, Casa Bernardo, la empresa fundada por mi padre, ya no está en manos de la familia Elsner.

COOPERS & LYBRAND, JUBILACIÓN E INSTITUCIONES

El año 1976 me integré al equipo de Coopers & Lybrand, una de las empresas de auditoría y consultoría más prestigiosas del mundo. Ellos necesitaban, por leyes bolivianas, a un socio local que pueda representarlos. Yo estuve en esa función hasta el año 1986, cuando cumplí 60 años. Desde los 60 a 65 años estuve en el cargo de director de la empresa, hasta la jubilación obligatoria a los 65 años.

El año 1987 me trasladé a vivir a Santa Cruz. Yo tengo ahora 92 años, así que estoy jubilado hace 27 años. Desde que vivo en esta ciudad, me dediqué a otra de mis pasiones: la vida institucional. En algunos casos continué con actividades que tenía en La Paz y en otros empecé con nuevos proyectos. Entre los eventos más importantes que he tenido, puedo citar los siguientes:

MI FAMILIA

Mi mamá, Ely Schweitzer, murió el año 2000, a sus 96 años. Mi esposa Silvia falleció en el año 2007 por una complicación en el pulmón y en el hígado.

De todos mis hermanos, sobrevivimos los dos mayores. Ely, que es la segunda, está muy delicada de salud. Lina murió el 2007, Hans el 2004 y Teresita el 2010.

Tengo 6 nietos y, cosa extraña… ningún bisnieto.

Esta foto fue tomada recientemente, con todos mis hijos:

De izquierda a derecha: Clemens, yo, Annette, Christian y Klaus.

PROYECTOS

Contar estas memorias ha sido un trabajo muy exigente, porque tuve que buscar muy adentro de mi disco duro. Ahora que veo el resultado, quiero que esta historia se la conozca. No la quiero guardar en un cajón.

Hay muchas cosas más que todavía quiero contar y que pueden ser un aporte. Solo le pido a Dios que me dé el tiempo y la fuerza para poder hacerlo. Dos años más, eso es lo que pido.

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Nota del editor: Este relato se basa en una entrevista y posteriores revisiones con Bernardo Elsner realizadas entre diciembre de 2018, y enero de 2019. La redacción y edición son de Marcos Grisi Reyes Ortiz.

La historia fue promovida por su sobrino, Hans Peter Elsner Schiffer.

Bernardo no pudo cumplir su deseo de contar más de su vida. Falleció el 13 de marzo de 2019, a la edad de 92 años.

Tumbas en el Cementerio Alemán de Santa Cruz. Sobre el cesped se encuentran los nombres de Elsa Schweitzer de Elsner (mamá de Bernardo), Phillip Schweitzer Otto (abuelo materno) y Deterlina Barba de Schweitzer (abuela materna). En la lápida chica está Teresita Elsner Schweitzer (hermana de Bernardo).

En la cruz está Silvia Reid de Elsner (esposa, 1929-2007) y Bernardo Elsner Schweitzer (1926-2019).

El epitafio, en alemán, dice: Du bist mein Gott, meine Zeit steht in deinen Händen (Tú eres mi Dios, mi tiempo está en tus manos).

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