Silencios

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Extraño el silencio.
Extraño el dulce encuentro
con mi alma
y extraño
el sosiego de mis pensamientos.

Y es que hay mucho ruido,
que me pierde,
me evade,
me confunde.

Pienso en los diferentes tipos de silencios que existen.
Y, sorprendido,
encuentro que hay tantas formas de silencio
como formas de ruido.

Existe por ejemplo el silencio enamorado,
cuando dos corazones afines se encuentran
y sus dueños se miran intensamente
y se abrazan, sin hablar.

No hay necesidad de conversar,
ni de hacer reír,
ni de caer simpático.

Simplemente,
en silencio,
se abrazan
y se llenan de amor.

También están los silencios
acompañados de sufrimiento de alma,
como cuando el hijo no vuelve a casa,
o el padre no se recupera de su enfermedad
o el ser amado no vuelve a la cama.

Hay silencios impresionantes
de descubrimiento propio,
como cuando nos damos cuenta
que un pequeño deseo
hecho realidad
se convierte en una pequeña pesadilla.

No queda otra
que quedarnos callados,
porque fue nuestro deseo.

También están los silencios de grito
cuando es tanto el shock
de lo que presenciamos
que quedamos boquiabiertos.

Es la única vez
que abrimos
la boca
para quedarnos callados.

¿Y qué de los silencios complicados?
Son de esos que surgen
porque sabes algo
y si rompes el silencio
puedes lastimar a alguien.

No puede decirse
que este silencio
sea de complicidad,
simplemente es… complicado.

¿Existen los silencios imposibles?
Claro que sí,
y son la consecuencia
de los silencios enamorados.

Es el silencio que debería producirse
entre dos jóvenes
que se entregan uno al otro,
en una explosión pura e intensa,
para fundirse en un solo cuerpo
y perderse como una sola alma.

Ese instante debería ser el más sutil
y hermoso de los silencios,
pero no lo es,
porque como todos sabemos,
el sexo es todo menos silencioso.
Mucho menos, el sexo intenso.

Pero de todos los silencios,
el más hermoso
es el del bebe recién nacido,
durmiendo,
en los brazos de su madre.

Ahí está ella, la madre,
con esa hermosa criatura regalo de Dios,
sorprendida y agradecida
por ese milagro de la Creación.

Ese es un silencio de gratitud,
de amor,
donde el brillo de sus ojos
posados sobre la carita del bebe,
con lágrimas de felicidad,
le dice en voz baja,
muy baja,
casi imperceptible,
le dice: “Te amo”.

Esas son las únicas palabras
que no rompen el hechizo
y permiten
que el silencio siga existiendo.

***

(mira el video donde el autor lee este texto aquí)


Escrito por

Cada historia que escucho es como si fuera mi propia historia. Y en cierta forma, es la tuya también. Al leerlas, espero que lo sientas así.

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