Me gusta comer

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Me gusta comer, ¡qué puedo hacer! Dos panes en el desayuno, una empanada a media mañana, sopa y repetición de plato principal para el almuerzo (acompañado de un vaso de Coca-Cola, que me encanta), un bizcocho para el té de la tarde y en la noche una buena cena con papa y arroz, porque no me puedo ir a dormir con el estómago vacío.

Que si ahora peso 110 kilos y sólo mido 1.65, a quién le importa. Con mi pareja ya tuve dos hijos, así que mi papel reproductor ya lo cumplí. De todas maneras, el sexo ahora es bastante soso, no es apasionado como antes, y para mal sexo… prefiero comer. Me da más placer.

Que si entro en el asiento del micro o no, en realidad no es mi problema, es de los otros pasajeros. Que si la ropa se encoge cada vez que me la pruebo, tampoco es mi problema, sino de los fabricantes. Deberían inventar ropa que se ajuste al hambre de quien la viste.

El otro día me encontré con un compañero de colegio y su esposa. No me reconocieron. Cuando les dije mi nombre, noté la sorpresa en ambos. A ella no se le pudo escapar una mueca de desagrado. Le dijo algo al oído de su esposo, él asintió y se despidieron inmediatamente, como huyendo. Estoy seguro de que tiene SG, Síndrome de Gorditis, eso que les da a las pobres almas que les fatiga tener a un gordo frente suyo. Cada vez voy encontrando más de esos casos, qué será…

Me da más gusto ver una heladera llena disponible que una linda mujer también disponible. La primera me va a dar siempre la bienvenida, la segunda, no sé, tiene sus complicaciones y sus condiciones para la siguiente vez que quiera verla. ¿Que debería estar en una dieta? ¿Hacer ejercicio? Que no joda, me gusta comer y punto.

Ser gordo tiene sus ventajas. Cuando veo fútbol por la tele, por ejemplo, apoyo la cerveza en mi barriga, que sirve de mesa. Eso sí, siempre coloco la botella sobre una bandeja para darle más equilibrio, así también puedo comer papas fritas directo de la bolsa grande, que la pongo ahí encima.

Debo confesar que estoy un poco nervioso. Tengo que viajar en avión la próxima semana, hace años que no lo hago. No sé si voy a entrar en esos asientos tan delgados, ni si los cinturones de seguridad tienen la suficiente longitud para agarrarme. Me imagino que si la persona que ocupa el asiento delante de mí inclina el suyo hacia atrás, me asfixiaría. Si quisiera ir al baño en pleno vuelo, sería un poco incómodo porque ese lugar es tan estrecho que tendría dificultad para maniobrar. Es más, si el avión estuviese lleno, molestaría a todos en el pasillo porque inevitablemente los tocaría para poder pasar.

Creo que voy a viajar en autobús nomás, es un día más de viaje, pero qué importa. Así también disfruto de las paradas en el camino, se come muy bien ahí…

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Este es un cuento de ficción. Cualquier parecido a una persona o situación que conozcas es pura coincidencia.

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Escrito por

Cada historia que escucho es como si fuera mi propia historia. Y en cierta forma, es la tuya también. Al leerlas, espero que lo sientas así.

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