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Cuando verdaderamente acaricias a alguien
tienes que pensar
que no solo tocas una superficie.
En realidad, estás llegando
a algo más profundo.
Imagínate que estas traspasando la piel
y casi puedes tocar la carne viva.
Puedes sentir la sangre ir y venir
por las arterias y las venas.
Puedes sentir los músculos
y la electricidad de los nervios.
Y cuando piensas que llegaste
hasta el hueso,
entonces te das cuenta
que entras a otra dimensión.
Has tomado contacto
con el alma de la otra persona.
La acaricias, la besas, la cuidas,
y la quieres,
porque el alma es lo más cerca a Dios.
Es como acariciar el corazón
de alguien que te quiere.
Para salirte,
tienes que sentir otra vez los nervios,
los músculos, las arterias y las venas,
y la parte interior de la piel
hasta que tu mano sale por el otro lado.
Por un momento,
fuiste una persona en dos.
Eso es una verdadera caricia.
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(mira el video donde el autor lee este texto, algo modificado y más claro, aquí)