El sabio abandonado

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La gente dejó de escucharme.
Tal vez repito demasiado lo mismo.

Ya no me tienen paciencia
o creen saber que ya saben.

¡Pero no saben!
Repito todo una y otra vez
porque sé
que todavía no me entienden.

Grito al cielo la verdad, mi verdad,
que yo sé que sí existe.
Es mi obligación decirles
lo equivocados que están.

Pero por más que
vuelque mis ojos
y parezca un iluminado,
o extravíe la mirada
y parezca un visionario,
o me sacuda interminablemente
y parezca un poseído,
o haga piruetas verbales
y parezca un cómico,
o pinte mi cara de diferentes colores
y parezca un extraviado…

Por más que haga todo eso,
veo que ya no soy el de antes.
O por lo menos ya no muevo
a la gente como antes.

Dicen que soy un jaded mandarin,
un viejo e inútil sabio.
Pero me resisto a creerlo.

Soy la luz y el sol de mis creyentes.
Mis enseñanzas brillan
en el horizonte de la sabiduría.

I am not a jaded mandarin!

Algún día en el futuro
alguien me redescubrirá,
cuando los hijos de los hijos
de mis contemporáneos
ya estén muertos.

Esa es mi esperanza,
que en un par de generaciones
reviviré de nuevo,
alguien se acordará de mí.

Y entonces,
este personaje que escribe,
el supuesto jaded mandarin,
saludará con sus manos
desde una nube
y les dirá,
con una sonrisa apretada:
“Les dije, les dije”.

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Este es un cuento de ficción. Cualquier parecido a una persona o situación que conozcas es pura coincidencia.

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Escrito por

Cada historia que escucho es como si fuera mi propia historia. Y en cierta forma, es la tuya también. Al leerlas, espero que lo sientas así.

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