Historia de la familia Gutierrez Gil – Primera parte: 1906-1938

Tiempo de lectura: 21 minutos

Entre risas y afectos, nos reunimos Charito, Rosemarie, Luis Fernando, Cuca, Pocha y Pico para recordar con cariño la historia de nuestros padres y de la familia. De este esfuerzo surgió un relato, que compartimos con todos ustedes.

En esta primera entrega, repasamos las historias de papá y mamá, desde su niñez hasta el día de su matrimonio. Nos basamos en lo que ambos nos contaron y nosotros recordamos. Algunas referencias pueden parecer incompletas, pero a estas alturas ya no hay a quién preguntar. Hicimos nuestro mejor esfuerzo en poner toda la información que conocemos, lo más verificada posible.  

Historias de vida - Osvaldo Gutiérrez
LAS HERMANAS GUTIÉRREZ GIL. Arriba, de izquierda a derecha: Jacqueline Brehmer (esposa de Luis Fernando), Lydia Rosario (Charito) y María René (Cuca). Abajo: María Cecilia (Pico), María Eugenia (Pocha) y Rosemarie (foto 2014).

La experiencia de juntarnos para armar este relato ha sido muy enriquecedora. Habían pedazos de historia que unos sabían y otros no. Por otro lado, las discusiones sobre lo que debíamos incluir o excluir, o la forma de redactar algunas partes, ha puesto a prueba nuestra paciencia:

Foto cena
Algunas diferencias las arreglamos diplomáticamente. En la foto: Cuca, Luis Fernando y Pocha.

Esperamos que nuestros padres, donde sea que se encuentren ahora, se sientan orgullosos de nosotros, de vernos unidos, valorando la maravillosa familia de la cual somos parte. Recordamos también a nuestros tres hermanos: Edgar, Osvaldo y Aurelio, quienes ya no están con nosotros.

Con una copa de vino en la mano, por papá y mamá: ¡salud!

LA HISTORIA DE NUESTRA FAMILIA

NUESTRO ABUELO JUAN ANTONIO GUTIÉRREZ

Nuestro abuelo paterno, Juan Antonio Gutiérrez Suárez, nació en Portachuelo en el año 1856, desde donde se trasladaría, posteriormente, a vivir a Santa Cruz. Por el año 1890 se casó con nuestra abuela Julia Jiménez, con quien tuvo quince hijos. Estos son los años de nacimiento de todos ellos:

Familia Gutierrez Jimenez años nacimiento

Su actividad principal era la ganadería y el comercio, que realizaba desde su estancia, Itaguazurenda, que se encuentra cerca del poblado de Charagua, adonde llegó por el año 1900.

NACIMIENTO Y NIÑEZ DE PAPÁ

Nuestro papá, Osvaldo Gutiérrez Jiménez, nació el 4 de junio de 1906 en Santa Cruz. La matrona, doña Balbina, atendió el parto y amamantó al recién nacido en sus primeros meses de vida.

Su niñez transcurrió entre Santa Cruz e Itaguazurenda. Cuando estaba en la ciudad, vivía en la casa familiar, que quedaba en la esquina de las calles Junín y 21 de Mayo.

Osvaldo Gutiérrez
Foto de 1909. De izquierda a derecha: Adolfo, Ramón, Manuel Jesús (sentado) sosteniendo a Pablo, Alicia, Osvaldo y Francisco.

VIAJE A EUROPA

A finales de 1909, nuestros abuelos viajaron a Europa con Luisa, la mayor de los hijos. Ya para entonces nuestro abuelo era un hombre acomodado, gracias a las ganancias de la hacienda. El cuidado de los niños quedó en manos de la hermana de nuestra abuela Julia, tía María Jiménez, esposa de Abel Cao. La hacienda se quedó a cargo de los capataces y de tío Jesús, el mayor de los hijos hombres. Tía Alicia acababa de nacer y la dejaron al cuidado de doña Balbina.

Los tres viajeros se establecieron en la Rue Saint Germain, en pleno centro de París. Durante su permanencia, nuestro abuelo encargó el diseño de la casona de la familia, que la construirían en la calle Junín, en Santa Cruz. También hizo diseñar el mausoleo de la familia, que se levantaría en el Cementerio General.

Ya de regreso, el equipaje que traían era muy voluminoso. Llegaron en barco a Buenos Aires, y de ahí tomaron rumbo norte por tierra, pasando por Córdoba. El viaje duró nueve meses. La caravana llevaba mobiliarios finos como un piano, cúpulas de plomo, mármol de Carrara, sanitarios de loza, vitrales y otros enseres de diferentes tamaños y usos.

Llegaron a Santa Cruz a finales de 1911, y unos meses después, el 18 de febrero de 1912, nació tío Pablo. En 1914, nuestro abuelo murió repentinamente de un fallo cardíaco, y no pudo conocer a su último hijo, Óscar, quien nació el 9 de febrero de 1915.

Cuando nuestro abuelo murió, papá era un niño todavía, tenía solo ocho años.

LA FAMILIA DESPUÉS DE LA MUERTE DE NUESTRO ABUELO

Nuestra abuela Julia tuvo que enfrentar un futuro con la responsabilidad de la crianza de sus hijos y de la administración de los negocios, ya sin su esposo. Esta es la edad que tenían los hijos cuando murió su padre:

Edad hijos cuando murio el abuelo

Nuestra abuela tomó a su cargo la construcción de la casa en la calle Junín. Con base en los planos y el diseño proyectados en París, contrató al reconocido constructor  yugoslavo, don Juan Knez y se iniciaron las obras. La casa fue finalizada en 1917.

Una de las anécdotas que contó papá proviene de esa época. Cuando era niño, aproximadamente de diez años de edad, su mamá lo mandó a que llamara a don John Shirley Bowles, quien era el encargado de fabricar toda la herrería de la casa, especialmente de las barandas, que se las hacía artesanalmente.

Al señor Bowles lo conocían como “Don Juan, el Capador”, por lo que papá tenía miedo de él. Llegó a su casa y tocó la media puerta, como un poco apartado. Preguntó tímidamente: “¿Está don Juan?” Y sale el señor Bowles, todo imponente. “¡Qué querés chico!” Y él respondió: “Esteeee, manda mamita, dice que vaya a la casa, que lo necesitan”.

LA CASA GUTIÉRREZ JIMÉNEZ

La casa construida por nuestra abuela era la más imponente y señorial de Santa Cruz. Tenía treinta cuartos, seis salas de baños con sus accesorios, y contaba con amplios salones de baile. En ese entonces, Santa Cruz tenía solo 25 000 habitantes, y las casas llegaban hasta antes de lo que hoy llamamos el primer anillo.

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La casa Gutiérrez Jiménez, sobre la calle Junín.
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De izquierda a derecha: Jesús Gutierrez Jimenez (GJ), Pablo GJ y Ramón Darío GJ. Después de la primera columna: Julio Gutierrez Michelin, Mario Gutierrez Gutierrez (GG), Julio GG, Luisa GJ, Adolfo GJ, Alicia GJ, Julia Jimenez de Gutierrez, Oscar GJ. Después de la segunda columna: Osvaldo GJ, Juan Antonio GJ (foto de 1918).

Muchos años después, en la década de los cincuenta, los herederos de esta casona, tíos Pablo y Alicia, la vendieron al Estado boliviano. El inmueble fue primeramente utilizado como un centro de salud, conocido como “La Sanidad”. Actualmente es el Museo de Historia, dependiente de la Universidad Gabriel René Moreno.

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Fotos actuales de la casona.

VENERACIÓN DE PAPÁ POR SU MADRE

Papá tenía veneración por su madre. Era muy religioso, hasta quería ser sacerdote. Sus hermanos menores, Ramón y Pablo, se burlaban de él porque hacía de monaguillo. Papá acompañaba a nuestra abuela a misa todos los días, y estaba con ella también en el rosario nocturno.

ESTUDIOS UNIVERSITARIOS

Con el paso de los años, cada uno de nuestros tíos empezó a salir al exterior para sus estudios universitarios. Esta situación era muy poco común en la época, dadas las distancias y los costos, pero la familia lo podía pagar. Luisa se fue a Chile; Francisco, a Inglaterra; Juan Antonio, Alicia y Óscar, a Argentina; y Adolfo y papá, a Chile.

El único que decidió no estudiar fue tío Ramón: opinaba que los estudios encasillaban demasiado la mente de una persona. Él quería hacer algo diferente; se aficionó a la fotografía y hasta envió sus fotos a Hollywood, para ver si le salía algo. Con el tiempo se volvió un gran empresario, llegó a fundar el Ingenio San Aurelio. Por su lado, Pablo emprendió sus actividades con la casa Suárez en el Beni, y se convirtió en un gran ganadero.

Papá salió bachiller del Colegio Nacional Florida el año 1924, a la edad de dieciocho años, e inmediatamente se fue a Santiago de Chile a estudiar Química y Farmacia en la Universidad de Chile. Su hermano Adolfo, que tenía veinticinco años, ya vivía allá. Para ir a Santiago desde Santa Cruz, se debía ir a lomo de mula hasta Cochabamba, de donde se tomaba el tren para llegar a Oruro, pasar a Arica y después a Santiago.

LA MUERTE DE NUESTRA ABUELA

Pasaron los años. Nuestra abuela Julia ya tenía a todos sus hijos encaminados, algunos ya casados, otros estudiando y haciendo sus vidas en el exterior. En 1927, el año en que murió, vivía en la hermosa casa de la calle Junín. Un día se bañó, salió al balcón, posiblemente con el cabello todavía húmedo. Había viento frío del sur. Se resfrió, le vino una pulmonía, y en tres días murió. Tenía cincuenta y ocho años.

La muerte de nuestra abuela afectó mucho la vida de papá. No solamente por el lado afectivo, porque era muy apegado a ella, sino también por el aporte económico que destinaba a sus estudios. Su mamá era quien le enviaba los fondos a Chile, y a la muerte de ella ese flujo de dinero se interrumpió. El entonces estudiante se vio forzado a volver a Bolivia para recibir lo que le correspondía por herencia y también a decidir qué iba a hacer con su futuro.

RETORNO A SANTIAGO

Papá se quedó aproximadamente un año en Santa Cruz, hasta 1928. Decidió regresar a Santiago a continuar sus estudios, acompañado de su hermano Adolfo. Su retorno fue difícil porque no tenía dinero seguro para vivir. La herencia que recibió se componía de bienes en el campo, no de fondos en efectivo.

Una vez en Santiago, se dedicó a vender retratos fotográficos con la ayuda de su hermano Adolfo. Realizó esta actividad por un año, hasta que tuvo los suficientes recursos para reiniciar sus estudios.

Recorría todo el territorio chileno desde el norte (Antofagasta) hasta el sur (Valdivia) tomando fotografías profesionales a clientes. Las placas de las fotos las entregaba a una empresa británica con oficinas en Santiago, que las enviaba a procesar a Londres. Una vez que los retratos volvían procesados, papá recorría nuevamente el país para entregar el producto a sus clientes y cobrar el saldo.

VIVENCIAS DE PAPÁ EN CHILE

Santiago de Chile en ese entonces era una ciudad chica. Papá tenía mucha personalidad, y fue admitido con facilidad en la cerrada sociedad chilena. Descollaba por donde iba. Medía 1.75 metros, era ancho de hombros, con una caja torácica amplia, y tenía un tremendo vozarrón. Era musculoso sin ser deportista: un hombre muy guapo, inteligente y de excelente memoria.

Las historias de los amores y desamores que una persona tiene antes de casarse generalmente no las cuentan a los hijos. Sin embargo, algunos pedazos de esa vida de papá nos enteramos. Una vez contó que tuvo un amor intenso con una dama de sociedad chilena llamada Violeta, de quien estaba enamorado, y que incluso pensaba casarse. La relación se truncó por la distancia al regresar papá a Bolivia.

LA GUERRA DEL CHACO

Papá se graduó de la universidad el 23 de noviembre de 1931 con el título de Químico Farmacéutico de la Universidad de Chile, y se quedó a trabajar en Santiago como ayudante de farmacia.

Diploma profesional Osvaldo Gutierrez Gil

El año 1932 tuvo que volver a Bolivia apresuradamente porque estalló la guerra del Chaco, que enfrentó a nuestro país y Paraguay. En la contienda se peleaba por la tenencia de la zona donde justamente estaba la hacienda principal de la familia, Itaguazurenda.

Llegó a Santa Cruz y se alistó en el ejército. Tenía 26 años. También se alistaron sus hermanos Adolfo (33 años), Aurelio (30), Ramón (25), Pablo (21) y Óscar (18). Jesús, por ser el mayor, no entró al ejército: por ley de la República, el hijo mayor se quedaba a cuidar los bienes de la familia. Sin embargo, él apoyó al ejército boliviano en labores logísticas desde la hacienda.

A papá, por su formación como farmacéutico, lo destinaron al hospital de Charagua. En el ejército no había médicos disponibles, así que a él lo ascendieron rápidamente de sanitario a teniente sanitario. Se desempeñó como principal responsable del hospital durante los tres años que duró el conflicto.

Sus hermanos estuvieron en el frente de batalla. El menor de todos, tío Óscar, era el más aguerrido. A sus dieciocho años, entraba sin miedo detrás de las filas enemigas para emboscar a oficiales paraguayos. Tío Adolfo, quien tanto había ayudado a papá cuando estudiaba en Chile, fue muerto en batalla en Cañada Loa, en junio de 1934. Tío Aurelio fue asesinado por un camarada boliviano, en enero de 1935.

Tío Aurelio era comandante del fortín en Cañada Strongest y una noche en que estaba compartiendo con algunos militares amigos llegó un oficial de más alta jerarquía que quiso entrar en la charla. Le dijeron en palabras fuertes que no tenía cabida, y lo sacaron a la fuerza. A las cinco de la mañana se escuchó una detonación: Aurelio había sido asesinado de un disparo. El oficial mencionado desapareció, nunca más se supo de él.

Papá también nos contó lo que pasó cuando el ejército paraguayo tomó Charagua en abril de 1935 por dos días. El centro de comando de la operación lo establecieron en Itaguazurenda. Tío Jesús no estaba ahí cuando llegaron, sino en el campo. Al atardecer se encontró con que su hacienda había sido tomada por los enemigos.

Entró a la casa y vio ahí sentados, en la mesa larga del comedor, a varios oficiales paraguayos. En la cabecera había un oficial de alto rango, que curiosamente se parecía mucho a él. Se trataba de un capitán de apellidos Yegro Gutiérrez, quien era descendiente de un Gutiérrez que terminó asentado en Paraguay. Es muy posible que hasta hayan sido parientes entre sí.

Tanto el ejército paraguayo como el boliviano arrasaron con todo lo que había en la hacienda. Los oficiales del ejército boliviano, sin embargo, dejaron pagarés por el ganado que se comieron. Esos pagarés todavía existen. El Estado boliviano nunca reembolsó un peso.

En esa época, la Normal de Charagua era la más renombrada del país, y el destino que muchas familias escogían para enviar a sus hijas a formarse como profesoras normales, en un lugar apartado de las grandes ciudades y seguro para ellas. La guerra del Chaco no cambió esta situación, a pesar de lo cercano que estaba el pueblo del frente de batalla.

Fue ahí donde papá conoció a la joven Dora Mercado, estudiante de la Normal de Charagua. De esa unión nació nuestro hermano mayor, Edgar Pablo (Chichote), el 1º de julio de 1934.

DESMOVILIZACIÓN DESPUÉS DE LA GUERRA

Al terminar la guerra, papá fue a caballo hasta Caimbeti, una propiedad que había heredado de sus padres, y que tenía unas 800 cabezas de ganado. Como era de esperar, ya no quedaba ningún animal vivo ahí, todos sirvieron de alimento al ejército boliviano. Ni siquiera había pagarés para reclamar. Viendo el campo así desolado, él decidió venderlo a los vecinos.

Con el dinero que recibió de la transacción se vino a Santa Cruz. La noche que llegó, se compró un par de zapatos de charol, un esmoquin, una camisa de seda y una corbata de michi, y se fue al Círculo Bancario a jugar póker. Esa noche perdió todo. Cuando llegó a su casa, en la esquina de las calles Junín y 21 de Mayo, en la puerta principal, entregó su traje, zapatos y todo lo que tenía puesto al que le había ganado jugando cartas.

Esto le sirvió de escarmiento para nunca más acercarse a una casa de juegos, al punto de no aceptar un simple juego de cartas.

1937-1938

Entre 1937 y 1938 se iniciaron casi simultáneamente dos eventos que sentarían las bases para el futuro de la familia: la fundación de la farmacia Gutiérrez y el matrimonio de nuestros padres.

La farmacia fue fundada el 17 de abril de 1937, era unipersonal y estaba ubicada en la calle 21 de Mayo n.° 66, entre Junín y Ayacucho.

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Foto de la primera venta de la farmacia, el 17 de abril de 1937.

Fue en esa época cuando papá y mamá se conocieron. Santa Cruz era un pueblo chico y las oportunidades de encontrarse en la plaza eran de todos los días. Para entonces, él tenía treinta y dos años y ella veintidós, diez años de diferencia que ellos parecían no notar.

NUESTRO ABUELO DOMINGO GIL

Ahora nos toca contar sobre la familia de mamá.

Nuestro abuelo materno, Domingo Gil Soruco, nació en Santa Cruz el año 1885. Era hijo de don Próspero Gil, un ganadero dueño de varias haciendas en Santa Cruz. Nuestro abuelo Domingo se casó con Lastenia Rojas Suárez en 1908. Tuvieron cinco hijos, nacidos en los siguientes años:

Niños Gil fondo blanco

En 1922, el año en que cumplieron catorce años de casados, nuestra abuela Lastenia murió, a los veintisiete años de edad. Falleció en el trayecto del viaje a Santa Cruz, desde la propiedad El Naranjal, que quedaba próxima a Warnes. En esa época, se tardaba tres días en llegar en carretón; estando embarazada, no llegó a tiempo para tratar el inminente nacimiento de sus mellizos. Nuestro abuelo Domingo tenía treinta años de edad.

NACIMIENTO Y NIÑEZ DE MAMÁ

Nuestra mamá, Lydia Gil Rojas, nació el 12 de enero de 1916. Cuando murió su madre, ella tenía solo tres años. La niñez de mamá fue bastante sufrida, con muchas carencias. Nuestra querida tía Pini (Peregrina), la mayor de las hermanas, se dedicó a la costura para poder ayudar a solventar los gastos familiares. 

Mamá pasó su niñez y juventud con sus hermanas en la casa de su abuelo Próspero Gil, parte de la cual se encontraba en la esquina de la calle Ingavi e Independencia, lo que después pasaría a ser el Hotel Viena/Guaraní (actual Galería Paitití).

En esa casa llegaron a vivir hasta cuarenta y dos primos hermanos, además de los padres y el personal de servicio. El inmueble tenía muchos cuartos, unidos por una galería de aleros. Así era Santa Cruz en ese entonces, se acostumbraba que las familias vivieran juntas.

LA JUVENTUD DE MAMÁ

Al llegar mamá a la adolescencia, su hermana Pini era como su madre. Ella en persona le hacía sus trajes, para que siempre esté bien presentada. Le hizo vestidos para salir, sacando telas incluso de cortinas que no se usaban.

En lo que es el maquillaje, mamá hacía como muchas señoritas del pueblo de la época, se las ingeniaba con lo que había. Usaba carbón para ponerse sombras, y el urucú (una semilla de color rojo intenso) para pintarse la boca. También diluía el urucú un poco y con ello se pintaba las mejillas. Sus primas le decían “amarillinga”, porque era pálida y bajita.

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Foto de 1936. De izquierda a derecha: NN, NN, Natalia Bowles, NN, Ruth Gil, Lydia Gil.

Cuando tenía dieciocho años, enamoró con un dentista, el Dr. Zabala. Él tuvo que partir a Cochabamba, pero le prometió que volvería para casarse. El hecho es que mamá nunca más supo de él.

Hace varios años visitamos a una de las hermanas de mamá mientras estábamos de paso por La Paz. Mamá había fallecido hacía un tiempo. En la conversación, surgió el tema de los amores que uno tiene de soltera y que nunca cuenta a sus hijos. Ahí fue cuando esta tía nos contó lo que realmente había pasado con el famoso dentista.

Sucede que a la tía no le gustaba este hombre por mujeriego, y pensaba que no era bueno para su hermana. Un día, por casualidad, fue al correo, y se encontró con una carta de él dirigida a mamá. Abrió la carta. En ella, el doctor le decía que la amaba y que ya regresaría para casarse, tal como habían conversado.

Entonces vio una oportunidad para arreglar las cosas. Compró un sobre más grande, metió la carta del dentista adentro, la rotuló con la dirección de él en Cochabamba, y se la envió de vuelta. Hizo lo mismo con otros sobres que llegaron después, hasta que finalmente él dejó de escribir.

Mamá nunca supo eso. Nuestra tía no mostró arrepentimiento de haber ocultado las cartas, estaba convencida de haber protegido a su hermana.

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Foto de 1935: mamá a la izquierda, tía Hilda a la derecha.
Familia Gil Mayores
FAMILIA GIL ROJAS. De izquierda a derecha, arriba: Hilda, Dorita, Lydia y Hernán. Abajo: Domingo Gil Soruco (el papá) y Piny, la hermana mayor.

NOVIAZGO

Papá y mamá se conocieron un año antes de casarse. Tuvieron un noviazgo intenso, como se demuestra en esta carta que escribió papá el 19 de junio de 1937.

Osvaldo Gutiérrez

La parte legible de esta carta dice así:

Mi linda Lydiecita:

Apenas hace 2 días que te has ido y ya tu ausencia me resulta intolerable; cuando comienzo a contar los días que faltan para tu regreso me parece que no fuera nunca a terminar de hacerlo, tan largos los encuentro y tan desprovistos de significación y sentido. Porque es así, queridita, tú te has compenetrado de tal manera en mi ser, estoy ya tan acostumbrado a ver tu carita, un poco triste y esquiva a veces, otras franca y altiva, a sentirte junto a mí, muy mía, y gozar y sufrir ya que tu presencia me es absolutamente indispensable. Comprende que esta será la última vez que te daré licencia para separarte de mí, después de esto juntos para siempre, ¡no crees que es justo!

Me conforma pensar que unos días de campo, tranquilos, hacían mucha falta y que sabrás aprovecharlos, y que veré regresar a mi amorcito contenta y por qué no, con unos cuantos kilos más de peso.

Santa Cruz está triste y aburrido, será tal vez por el cristal con que lo miro; o qué pasara que se han terminado las fiestas! Parece que hacen falta algunas personas.

En el momento que te escribo me avisan que se va Amelita, por eso corto mi inspiración. 

Muchos besos

Osvaldo

Parece que a nuestro abuelo Domingo no le gustaba papá, tal vez por la diferencia de edad que tenía con mamá. A pesar de ello, ambos se veían a escondidas en la casa de los Pessoa en la calle España. Las hermanas Pessoa eran muy amigas de mamá.

MATRIMONIO

El matrimonio se llevó a cabo el 26 de enero de 1938 en El Naranjal, la propiedad agrícola del abuelo Domingo.

Osvaldo Gutierrez y Lydia Gil
Papá y mamá, más o menos a la edad en que se casaron.

PARA FINALIZAR

Este relato es parte de la vida que conocemos de nuestros padres. Pretendemos, en una segunda entrega, continuar con la historia de la familia, para que nuestros hijos sepan más sobre sus abuelos y los hijos que ellos criaron, y sobre el legado que les estamos dejando.

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Notas del editor:

Esta historia se basa en entrevistas y posteriores revisiones con la familia Gutiérrez Gil, realizadas entre agosto y noviembre de 2019.

Las fotos de la familia fueron proporcionadas por María Cecilia Gutierrez Gil. Otras imágenes tienen la acreditación correspondiente.

La redacción y edición son de Marcos Grisi Reyes Ortiz.

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Escrito por

Cada historia que escucho es como si fuera mi propia historia. Y en cierta forma, es la tuya también. Al leerlas, espero que lo sientas así.

19 comentarios en “Historia de la familia Gutierrez Gil – Primera parte: 1906-1938

  1. LINDO relato de una familia unida y querida, que fueron las bases de las exitosas y lindas hermanas Gutiérrez Gil.

  2. Como riberalteño que soy. Descendiente de cruceño. Me hes grato conocer historias que enriquecen mis conocimientos. Especialmente a las familias cruceñas pioneras que con gran sacrificio llegaron a mi región amazonica y sobre todo a la familia Gutiérrez. Slds. Jaime amelunge pinto

  3. Hermosa historia, bella familia respeto y admiro tanto, me llevaron de viaje a través del tiempo y saber más de nuestra Santa Cruz de antaño

  4. puedo expresar la simpatía que conocí de don Osvaldo a pesar de haberlo visto ya mayor, pero esta simpatía la han heredado sus hijos mis amigos, Jato, Cuca y Pocha a quienes felicito por este bonito y entrañable relato de su distinguida familia, esperamos más relatos que quedaron por contarnos.

  5. Mi entrañable y recordado amigo Osvaldito Gutiérrez Gil con quien nos separaba una diferencia de más de 30 años, que fueron acercados por una grandisima amistad, Dios lo tenga en su gloria… espero que en otras entregas, también hablen sobre él. Felicidades por el relato.

  6. Había tenido abuelo romántico!!! Que hermosa historia. Increíble los detalles que uno desconoce!

  7. Que orgullo para mi leer este hermoso relato de la conocida y simpatica familia GUTIERREZ…Alli donde se asentaron a vivir dejando hermosos recuerdos de la ESTANCIA GANADERA ITAGUAZURENDA lo que cuenta mi Padre…que conocio muy de cerca a la familia Del Patriarca Sr. Don Jesus Gutierrez …muy querido .. por mi abuelo Don Vicente Enriquez Cuellar natural de Charagua….yo..Conoci personalmente a su Hijo Don Miguelito Señor muy querido …y a Las Hermanas Charito y Pocha Les tengo un cariño muy especial..trabaje Uno’s años para Ella’s en aquel entonces FARMACIAS SANTA MARIA..ahora FARMACORP..Las quiero un monton…

  8. Felicidades!! Una historia que nos lleva a años atrás, relatos reales de una gran familia a quien admiro y respeto, son personas que aportaron y apostaron hasta hoy por su tierra.

  9. Aunque parezca increíble, hace tanto tiempo que nos dejaron pero los seguimos sintiendo tan cercanos!

    Agradezco a Dios haber conocido y disfrutado de mis abuelos ❤️

    Gracias por esta historia … esperamos la continuación!

  10. Fue hermoso ser parte y disfrutar de esto que es dejarles a nuestros hijos y nietos una semblanza de lo que fueron nuestros padres antes de iniciar su vida juntos. Ya llega la segunda parte!

  11. Quiero mas! Mas!!! Qué lindo poder recorrer historias de la familia y sentirlas tan cerca como si hubiésemos sido parte de ellas.

  12. Bella historia! Me encanto! Quiero más ! ❤️ Ame mucho a mis abuelos y esto me hizo recordarlos
    Verónica

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