A principios del siglo XX dos hermanos del sur de Italia, Biagio y Giuseppe Orrico, llegaron a Bolivia buscando oportunidades de trabajo. Los acompañó Fortunata, esposa de Biagio, y Rossina, la hija de ambos. En La Paz, después, nacerían tres niños más.
En esta etapa nacieron los hijos mayores y la familia se trasladó por un tiempo a La Paz, donde el Dr. Gutiérrez asumió un cargo en el gobierno. Llegó después la revolución de 1952, la persecución política y el nacimiento de la hija menor.
La historia de la familia Roda en Bolivia se inició en 1909 cuando Recaredo, un joven de dieciséis años, partió de Valencia rumbo a Buenos Aires. Llegó a Santa Cruz dos años después como ayudante de un francés, acarreando mulas.
En este relato cuento la historia de Dionisio Foianini Ioli, el primer inmigrante de la familia, y de mi tío abuelo Dionisio Foianini Banzer, quien aportó con la fundación de la empresa estatal de petróleo y el Tratado de Paz con Paraguay.
El primero en llegar a Bolivia fue mi abuelo materno, Nagayoshi Kiyonari, en 1932. En La Paz nacieron sus cuatro hijos, entre ellos, mi madre, Fumiko. En 1956 llegó mi padre, Motoyoshi Kimura. Aquí cuento la historia de nuestra familia.
Entre risas y afectos, nos reunimos Charito, Rosemarie, Luis Fernando, Cuca, Pocha y Pico para recordar con cariño la historia de nuestros padres y de la familia. De este esfuerzo surgió un relato, que compartimos con todos ustedes.
Itaguazurenda es la estancia de mi familia, a casi 300 kilómetros al sur de Santa Cruz. Allá viví una niñez maravillosa, rodeada de gente muy querida y de la naturaleza salvaje del Chaco boliviano.
Para contar mi historia empezaré con el apellido Asper. Cuando los antepasados tenían que tomar apellidos, asumían los nombres de los elementos que los rodeaban. Mi familia vivía en una colina donde había álamos, llamados “Aspen” en alemán.
Mi familia proviene del norte de Alemania, del estado de Schleswig-Holstein, que queda al norte de Hamburgo, cerca de Dinamarca. A finales del siglo XIX, mi abuelo tenía a su cargo el control de existencias de peces en los lagos y en el mar.
Recuerdo que estaba en la cama del hospital, muy ansiosa esperando que mi marido vuelva de hablar con el pediatra. El día anterior había dado a luz a mi tercer hijo. Percibí, desde el primer momento, que el bebé tenía algo diferente.
Con este relato quiero dejar viva la memoria de mi abuelo, Adalberto Terceros Mendivil. Asimismo, quiero resaltar la personalidad de mi abuela, Josefina Bánzer Aliaga, una mujer de temple ante las dificultades de la vida.
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