Esta historia relata la llegada de mis padres a Bolivia como inmigrantes italianos. Este hermoso país les ofreció tiempos de alegría e ilusiones. Aquí vieron nacer una vida nueva juntos, dejando un legado de honestidad, integridad y mucho trabajo.
Raffaele tomó la decisión de salir de Italia en 1924, siguiendo los pasos de su padre Angelo, quien emigró a Brasil en 1885, y de Giuseppe Grisi, posiblemente su abuelo, quien llegó a México en 1860. Cada uno de ellos dejó su semilla en el nuevo continente.
La protagonista de esta historia es Manuela Ibáñez Velasco, conocida cariñosamente como Mamamía (1868 – 1961). Sus hijos: Pastora, Asunta, Miguel y Clara fueron progenitores de las familias Landívar, Escalante, Mansilla Saucedo y Reyes Ortiz.
Entre risas y afectos, nos reunimos Charito, Rosemarie, Luis Fernando, Cuca, Pocha y Pico para recordar con cariño la historia de nuestros padres y de la familia. De este esfuerzo surgió un relato, que compartimos con todos ustedes.
A principios del siglo XX dos hermanos del sur de Italia, Biagio y Giuseppe Orrico, llegaron a Bolivia buscando oportunidades de trabajo. Los acompañó Fortunata, esposa de Biagio, y Rossina, la hija de ambos. En La Paz, después, nacerían tres niños más.
La historia de la familia Roda en Bolivia se inició en 1909 cuando Recaredo, un joven de dieciséis años, partió de Valencia rumbo a Buenos Aires. Llegó a Santa Cruz dos años después como ayudante de un francés, acarreando mulas.
En este relato cuento la historia de Dionisio Foianini Ioli, el primer inmigrante de la familia, y de mi tío abuelo Dionisio Foianini Banzer, quien aportó con la fundación de la empresa estatal de petróleo y el Tratado de Paz con Paraguay.
El primero en llegar a Bolivia fue mi abuelo materno, Nagayoshi Kiyonari, en 1932. En La Paz nacieron sus cuatro hijos, entre ellos, mi madre, Fumiko. En 1956 llegó mi padre, Motoyoshi Kimura. Aquí cuento la historia de nuestra familia.
Itaguazurenda es la estancia de mi familia, a casi 300 kilómetros al sur de Santa Cruz. Allá viví una niñez maravillosa, rodeada de gente muy querida y de la naturaleza salvaje del Chaco boliviano.
Para contar mi historia empezaré con el apellido Asper. Cuando los antepasados tenían que tomar apellidos, asumían los nombres de los elementos que los rodeaban. Mi familia vivía en una colina donde había álamos, llamados “Aspen” en alemán.
Mi familia proviene del norte de Alemania, del estado de Schleswig-Holstein, que queda al norte de Hamburgo, cerca de Dinamarca. A finales del siglo XIX, mi abuelo tenía a su cargo el control de existencias de peces en los lagos y en el mar.
Con este relato quiero dejar viva la memoria de mi abuelo, Adalberto Terceros Mendivil. Asimismo, quiero resaltar la personalidad de mi abuela, Josefina Bánzer Aliaga, una mujer de temple ante las dificultades de la vida.
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